Prohibido prohibir


Hoy se regula la circulación de motoristas, limitando a una sola persona el uso de las mismas, tratando de disminuir los í­ndices de violencia en el paí­s, una medida hasta cierto punto entendible, quien se conduce en un carro generalmente se atemoriza ante la cercaní­a de una moto, pero de pronto también una medida sacada de la manga de las autoridades, porque el tema de la seguridad necesita un plan completo, no ladrillitos por aquí­ y palitos por allá.

Claudia Navas Dangel
cnavasdangel@yahoo.es

A mi criterio, se está vedando un derecho de buena parte de la población, que por el tráfico que impera, por la situación económica y por no viajar en el servicio público, que de servicio no tiene mucho, utiliza las motos como medio de transporte.

Esto al fin de cuentas no va a cambiar una realidad que empeora cada dí­a, mientras los funcionarios en lugar de hacer algo, culpan a los anteriores gobernantes.

La pregunta es, ¿cuántas limitaciones más tendremos que tener para que las cosas funcionen?

Cual ganado nos dictan órdenes: prohibido fumar. Muy bien, cuidan la salud de la población con una nueva ley, pero no regulan a los buses que expelen humo a bocanadas, ni hacen nada por la contaminación que produce el basurero de la zona 3, por citar un par de aspectos que han olvidado. O la contaminación del lago de Atitlán por la ausencia de plantas de tratamiento del agua.

Prohí­ben que viajen dos personas en moto, pero no impiden la estampida de carros oficiales que abusivamente circulan en montonera orillando a quienes se conducen tranquilamente por las distintas arterias de la ciudad.

Prohí­ben cosas que no afectan en absoluto a quienes firman acuerdos y aprueban reglamentos. Pero no prohí­ben la construcción de centros comerciales y restaurantes de comida rápida, aunque dañen el entorno y alejen a los turistas, como en Flores y Panajachel.

Prohí­ben por prohibir, por hacer algo para que no digan, para justificar un trabajo que no realizan y un salario que no merecen, prohí­ben por imitar, por no dejar.

Carentes totalmente de fundamentos intentan regular nuestras vidas, como niñeras en un kinder, son la mano que mece la cuna, más bien la mano que la empuja hacia al vací­o.