¿Seguiremos haciendo las del avestruz?


Serí­a muy difí­cil, si no imposible, revivir aquellos tiempos en que la familia a pie í­bamos a misa los domingos y a la salida, le pedí­amos a nuestro papá llevarnos a tomar un frí­o fresco de horchata acompañado de barquillos, como comprar pasteles para el postre del almuerzo. Comento esto porque con motivo de la Semana Mayor pude apreciar con tristeza las deterioradas calles del llamado Centro Histórico y no fue difí­cil llegar a la conclusión que no son más que un conjunto de abandonadas ruinas por todas partes, aceras llenas de riesgos, paredes pintarrajeadas, hediondez por excrementos humanos y el espantoso hollí­n dejado por los motores de la chatarra urbana. No me cabe duda que en vez de mejorar seguimos para peor, pues son tan aislados los esfuerzos por devolverle su esplendor a nuestra otrora «tacita de plata», que solo equivocados e inocentes vecinos puedan concebir que se esté buscando reactivar la vida citadina con el desastre actual en que se encuentra.

Francisco Cáceres Barrios

La errónea disposición municipal de concentrar la circulación del torrente de las chatarras del transporte colectivo por determinadas rutas, por ejemplo, sobre la 3ª. avenida o sobre la 4ª. calle de la zona central, solo sirvió para extender el deterioro de la vida citadina sin resolver ninguno de sus problemas. Llevar años empedrando dos que tres cuadras alrededor de los parques Central y Centenario no lograron mejorar su ambiente y ¿de qué podrá servir tan pí­rrico esfuerzo cuando a lo largo de la 6ª. avenida se sigue viviendo el más sucio, peligroso, anárquico y congestionado mercado cantonal, cada vez más imitado por la marabunta de vendedores que han invadido cientos de calles adyacentes y de más lejos todaví­a?

Para reactivar el interés por habitar casas de la zona 1 y otras de la cada vez más deteriorada ciudad capital, se requiere de inteligencia y mantener los pantalones bien puestos, no de uniformes con vistosos colores, atributos que por ninguna parte he podido apreciar en nuestros polí­ticos tradicionales que prefieren «ganar votos» de la masa electoral anárquica y desordenada, en vez de realizar un plan integral que proporcione beneficios para todos, especialmente al sector productivo y respetuoso de los principios básicos de higiene, salubridad y buen urbanismo.

Un dí­a de estos, una emperifollada señora manifestaba su complacencia porque nuestro Alcalde «tení­a nuestras calles muy bonitas» y ante mi pregunta de cuánto tiempo tení­a de no caminar por la zona 1 me contestó: -¡Ni loca! Tengo años de no poner un pie ni en la zona 1, la 2, la 4, la 9 y la 10 y si lo hago, es por forzosa necesidad. Así­, haciendo las del avestruz, sin duda las cosas podrán ser más bonitas, mejor ordenadas y limpias, pero a la luz de la realidad, no cabe otra opción más que preguntarse ¿hasta cuándo vamos a sacar la cabeza del hoyo en que nos encontramos?