Mucho se ha escrito, hablado y comentado acerca del dirigente revolucionario y reformador Justo Rufino Barrios, desde apasionados relatos que lo enaltecen, hasta radicales que lo tratan como un rufián.
Este último caso es del autor de una novela de estilo literario caduco, que lo describe como un criminal sanguinario y autócrata, peor que Nerón, Estrada Cabrera o Ubico. Parece que las fuentes a que acudió pertenecen al mundo conservador y camandulero en el que viven muchos de nuestros compatriotas.
Diversos son los autores que han abordado los temas relacionados con la Revolución de 1871, sus protagonistas y participantes, así como con los del gobierno conservador que provocó el movimiento reformador. Estos autores que, algunos de ellos, vivieron la época, describen los hechos y los personajes con objetividad e imparcialidad y señalan las virtudes y errores que se cometieron. Es inaceptable, como lo pretende el escritor de marras, restarle al mínimo las buenas obras y el bien causado al país, para exaltar y subrayar los defectos del régimen revolucionario.
Entre los historiadores y comentaristas que, en alguna forma, se refirieron a la Revolución del 71 y, principalmente, al General Barrios, podemos citar a los siguientes: Antonio Batres Jáuregui, Francisco Lainfiesta, Ramón A. Salazar, Lorenzo Montúfar, J. Antonio Villacorta, Pedro Zamora Castellanos. Todos ellos expresaron en forma imparcial y objetivamente, tanto las sobradas cualidades como los graves errores que, debido a su carácter alterable y turbulento, pero con gran patriotismo, cometió el Reformador.
Señala Batres Jáuregui que Barrios «…siempre tuvo un carácter tempestuoso, violento, decidido y firme. Era desde muy joven, fuerte, ligero y audaz». Don Rufino no fue un salvaje y montañés, como pretende calificarlo el mal informado escritor; estudió Derecho y, aunque no se graduó como abogado, lo hizo como Escribano, lo que hoy son los notarios; hablaba y escribía el latín, y sólo por lo propio de su carácter pudo salir avante la Revolución. Agrega Batres: «La verdad es que cuando aquel mandatario estaba de buen humor y quería a la persona con la que hablaba, era agradable, natural y simpático, sin humos ni asomos de orgullo? Juzgado de conjunto merece elogios de la historia, pero vistos los detalles hay mucho que resulta deplorable»? «asumió sin ambages ni hipocresías las responsabilidades de sus actos. Fue el brazo de hierro de un radicalismo autocrático, contra un conservatismo inerte (indispensable para mantener los principios revolucionarios). El veredicto justiciero lo dictará la posteridad».
Su fuerte carácter y energía fueron indispensables para la gran tarea de introducir reformas radicales y de beneficio público, como correos, telégrafo, ferrocarril, educación laica, libertad de cultos, los códigos y leyes, edificios para establecimientos de educación, que estaban en propiedad de las manos muertas, etcétera, en un país que se encontraba en un atraso de siglos debido al gobierno conservador.
Don Ramón A. Salazar, dijo: «Porque hay que pesar en balanza de la justicia los merecimientos de este hombre (Barrios), de un lado, y sus faltas de otro. Probadlo a hacer y veréis que el fiel de la balanza se inclina al lado de los primeros».
Yo digo: «El gobierno liberal de Barrios fue, en el devenir histórico, un presupuesto necesario para el desarrollo de Guatemala».