Causó sorpresa que el Miércoles Santo 8 de abril de 2009 el diario oficial haya publicado el Acuerdo Gubernativo 105-2009 para reformar artículos del número 273-98, también llamado Reglamento de Tránsito, en un claro afán de evitar la inmediata protesta de la población afectada, por el asueto de Semana Santa, especialmente la de menores recursos, al prohibirse a los conductores de motobicicletas, motocicletas y bicicletas de dos ruedas, transportar a una o más personas, no obstante la tarjeta de circulación indique lo contrario. La original causa es de sobra conocida, evitar se sigan cometiendo asesinatos y otros delitos más que han mantenido en zozobra en la población desde hace algún tiempo.
En otra parte del citado acuerdo, también se dispuso portar la respectiva placa de circulación de manera visible, contar con las luces respectivas, como hacer obligatorio el uso de chalecos reflectivos, con indicación del número de placa, también llevarlo en el casco, como la aplicación, leonina por cierto, de multas de mayor cuantía.
Si el estimado lector analiza las disposiciones estoy seguro que estará conforme por el loable fin que se persigue de frenar de alguna manera que se repitan los actos delictivos mencionados lo que afecta a justos por pecadores, por lo que cabe preguntar: ¿es suficiente esta aislada medida coyuntural, no hay necesidad de enfocar el problema con soluciones más amplias e integrales? Digo esto, porque si los agentes de policía van a seguir en actitud irresponsable, contemplativa o de distracción por las calles y carreteras del país, haciéndose de la vista gorda, como hasta la fecha lo han venido haciendo, la inseguridad ciudadana va a seguir invariable.
Si sólo las leyes fueran capaces de cambiar cualquier situación en un país, sobradamente todos hubieran emitido aquellas de hacer ricos a los pobres, de hacer felices a los tristes o de bonitos a los feos pero no, no es así de fácil gobernar y hacer respetar las leyes, para ello hay que ejecutar o llevar a cabo una serie de medidas que hasta la fecha durante el gobierno de Colom, no se han visto por ninguna parte.
Asimismo, solo aquel que no mire ni oiga puede hacer caso omiso los trapos de cucaracha que anda vistiendo la inmensa mayoría de la población y los pésimos servicios públicos que el Estado brinda, en especial los de transporte colectivo. Por ello pregunto a las autoridades ¿Por qué no consideraron el impacto económico y social que indudablemente van a traer tales medidas a la gente honrada y trabajadora?, ¿por qué se olvidaron de la capacidad de pago para hacer efectiva una multa de mil quetzales para los transgresores? De ahí que insista en decir que aunque la intención haya sido buena, no quiere decir que forzosamente los resultados puedan ser igualmente buenos.