El sábado 13 de diciembre recién pasado les comenté que cuando me conducía en el vehículo que utilizo, al momento en que un semáforo marcó luz roja detuve la marcha  y a los pocos segundo fui encañonado por un aprendiz de delincuente que iba sentado atrás del conductor de una moto; pero no pudo amedrentarme porque yo me percaté que se trataba de una pistola de juguete. Sin embargo, me vi obligado a polarizar el automotor.
eduardo@villatoro.com
  Me recordaba de este incidente la noche del miércoles 8 de este mes, cuando, al encontrarme fuera del país, ingresé a la página Web de La Hora, enterándome  que el Gobierno había decidido reformar el Reglamento de Tránsito, con el propósito fundamental de prohibir que dos o más personas circulen en motocicleta, en vista de que muchos de los crímenes cometidos contra conductores de autobuses del transporte colectivo y pilotos automovilistas en general, han sido perpetrados por sujetos que se transportan en el asiento trasero de esos vehículos de dos ruedas.
  Por mi experiencia que les he referido, debería estar elogiando la medida gubernamental; pero no es así, básicamente porque, como generalmente ocurre, las familias de las clases populares serán afectadas seriamente por esa disposición, si tomamos en cuenta que muchos padres de familia llevan a sus esposas o hijos en el asiento posterior de sus motocicletas a sus centros de trabajo o establecimientos educativos.
  A simple vista, las reformas al Reglamento de Tránsito no deberían ser objeto de críticas, por el fin que se persigue; pero sostengo que los funcionarios de las fuerzas de seguridad del Estado volvieron a precipitarse en su legítimo afán de combatir la delincuencia y salvar vidas de personas inocentes, porque, en primer lugar, de un día para otro disponen que los propietarios de motocicletas cumplan con algunos requisitos, que ciertamente son mínimos, pero que deberían haber determinado un plazo razonable para implementarlos.
  Luego, lo más importante, el mismo chaleco e igual casco protector -con las características especificadas- que se exigirá a partir del 9 de mayo a los conductores de motocicletas, se podría demandar de sus acompañantes, incluso acordando que éstos deben tener algún grado de parentesco con el motorista. De esa forma no se castigará a las familias de modestos recursos económicos, como ocurrirá si se mantiene la exigencia original, y de esa manera, se contribuirá a evitar hechos delictivos, pero sin lastimar el castigado presupuesto familiar de las clases populares.
   (Un chofer de camioneta le cuenta a Romualdo Tishudo este chiste de pésimo gusto: -¿Sabés que le dijo un semáforo a otro semáforo? Pues le dijo «No me mirés que me estoy cambiando»).