Le sigue los pasos a Adriano


Durante una rueda de prensa el 9 de abril de 2009 en Bara da Tijuca, Rí­o de Janeiro, Adriano declaró para ser

Cerveza, bermudas con sandalias y bailes funk: la prensa brasileña intenta reconstruir los tres dí­as que Adriano, delantero del Inter de Milán, pasó en una favela de Rio de Janeiro y que culminaron con su decisión de dejar por un tiempo el futbol y no volver a Italia.


Adriano desapareció el 1 de abril tras el partido en el que la selección brasileña batió a su par de Perú por 3-0. No volvió a Italia, donde lo esperaban, y solo dí­as después se supo que se refugió en la favela Vila Cruzeiro donde nació y creció, una de las más violentas de Rio de Janeiro.

«Durante el tiempo que estuvo desaparecido, Adriano se divirtió en un baile funk, bebió mucha cerveza en la calle con amigos y circuló por la favela acompañado de una morena misteriosa», de bermuda y sandalias, asegura la revista Istoé de este fin de semana.

«Su cuartel general fue la casa de sus tí­os, en la calle A. Allí­ llegó la noche del miércoles primero, pero ni durmió (…) Viernes y sábado se lo vio conversando con jóvenes del tráfico local. Algunos fueron sus compañeros de infancia», añade.

«A los 27 años, Adriano puso fin a su imperio en el futbol en nombre de su origen», declara el diario O GLobo de ayer, y recuerda que en esa favela vivió en los últimos 15 años «tardes y noches de «Apocalipsis Now» gracias a las guerras del tráfico de drogas».

«Soy feliz en la favela y continuaré yendo allí­», declaró Adriano el jueves, cuando reapareció para anunciar que no es feliz en Italia y se retira de futbol por un tiempo.

Su ex novia, Joana Machado, afirmó que Adriano se refugia en la favela porque allí­ «se siente bien» y no tiene que ser el «Emperador».

«La favela agradece (la preferencia del jugador que lo tení­a todo en Italia) pero pide socorro» para los jóvenes, destaca el jornal O Dia de ayer, que recoge las declaraciones de Edmundo Santos Oliveira, representante de una asociación de vecinos de la favela.

«No tenemos apoyo, los niños no tienen perspectiva. El camino del tráfico se torna más fácil si no hay condiciones para el futbol. Adriano viene, ayuda lo que puede, pero serí­a bueno que cooperase de forma más completa», señala.