La moribunda clase media


Nada ni nadie puede frenar este fenómeno socioeconómico. Marcha veloz y deja huella profunda cada vez más, en menoscabo de un estrato que durante años mantuvo firmeza y estabilidad manifiesta. Fácil resulta el diagnóstico, en el sentido que la moribunda clase media es un hecho concreto y tenaz.

Juan de Dios Rojas
jddrojas@yahoo.com

La recesión económica es causante del desbarajuste envolvente, dañino y destructor, hoy en dí­a imperante. En nuestro suelo, bello y fecundo, el paraí­so otrora, para bienestar colectivo, las cosas a tono con el ritmo acelerado del sistema de vida avanzan. Todos los frentes sufren dicho agobio tremendo.

Desde el momento que se percibe una confabulación como vientos huracanados a su paso, de inmediato el estrato aludido, sostén evidente de cierto equilibrio va cuesta abajo. Y las consecuencias funestas no se hacen esperar, golpes crí­ticos dan cuenta rápido de familias, que en aras de esta posición sucumben.

El panorama desolador gana terreno y convierte el moco de vida en un castillo de naipes. La avalancha insatisfecha aun, trasciende con fuerza gigantesca, que difí­cil viene o ser el paso de la clase media moribunda a la subsiguiente, dentro del esquema establecido. Pero eso es el final aparente, siguen peores cosas.

Ante este terremoto socioeconómico, sucumben situaciones conexas, también capaces de agitar reacciones con traje de fantasmas en el imaginativo. Una cosa trae otra, que similar impacto que el orden material y aní­mico, van ligadas fatalmente, dirigidas a asfixiar el aliento de aquel estrato que en el paí­s pautaba bienestar.

Atribuido el fenómeno asimismo a problemas que desde fuera generan sacudidas potenciales. A tiempo que la mencionada recesión y desaceleración unieron sus manos desde el norte del continente americano, los coletazos al instante afectan a Guatemala, junto a sus vecinos; a unos más, a otros un poco menos.

En general ahora el problema de tinte colapsador abarca mayores contingentes, sin detener el efecto devastador en grado sumo. Semejante a competencia de titanes en el ring. Expectavivas menudean con razón indiscutible de cara a mostrar después con desnudez, la verdadera realidad que arrasa triunfante.

Este bajón ostensible, que se inscribe con todas sus letras en una menor y recalcitrante calidad de vida actualmente mediante duras sacudidas en la moribunda clase media, significa la consiguiente marcha atrás. Un paso pequeño queda ya en la frontera de la clase baja y su cercana vecina, la pobreza y pobreza extrema.

Ceños fruncidos, el hecho de tronarse los dedos, son indicadores seguros de tal fenómeno socioeconómico; además tragar saliva en cascada y restantes manifestaciones conductuales, son notorias, pueda por la historia tal transferencia negativa y quien sabe para las futuras generaciones en picada.

De tal suerte sin suerte, de aquí­ en adelante los integrantes de la población conformarán dos grandes grupos oponentes. El grupo de riqueza en ascenso notorio y el de pobres de solemnidad. Los dos lados visibles de la medalla que viene dando visibilidad desde mucho tiempo atrás, que se ven de soslayo.

Ningún consuelo puede existir ante la encrucijada actual, con visos de imparable crecimiento, al enterarse de alguna manera posible, que el problema citado da lata, da guerra en todo el mundo. Es indispensable y necesario asumir roles con entereza, valor y buena voluntad, ajenos a perder la autoestima. También una upa o culas del gobierno.