Desde la época colonial existe el Colegio de Abogados, pero en la Independencia de 1821 no participó en la gesta libertaria, todo lo que se logró fue debido al patriotismo de próceres y mártires, sin intervención de dicho cuerpo colegiado.
Habrá un nuevo despertar, otra independencia más amplia en donde el colegio será una de las instituciones con representatividad en temas nacionales y no solamente en la rutina que los abogados y notarios conocen.
Tengo en mis manos varias publicaciones bibliográficas realizadas por el esfuerzo del referido colegio, entre ellas: Golpe de Estado y retorno a la institucionalidad Mayo-Junio de 1993. Compilación Legislativa sobre Derechos de Autor. IV Congreso Internacional sobre Protección de los Derechos Intelectuales, 1989. Las publicaciones son numerosas y los eventos constantes. Sin embargo en la nueva sociedad que esperamos algún día exista el colegio tendrá que desplegar un trabajo de gran magnitud junto con otras instituciones, entre ellas: Universidades, el Congreso Legislativo, la Asamblea Nacional del Magisterio, representantes de los hospitales nacionales, Corte Suprema de Justicia, Policía Nacional Civil, oficialidad del Ejército, cuando los integrantes de estas instituciones y otras muchas más marchen con una mentalidad al servicio del pueblo y no servirse de él con fines de enriquecimiento ilícito. Del consenso de dichos organismos se tomarán las decisiones más importantes para el país.
En nuestros días, quienes toman las decisiones de mayor trascendencia, son: La cámara de Comercio, cámara de Industria, el Ejército Nacional, la Corte de Constitucionalidad, esta última totalmente al servicio de los sectores poderosos de la economía, agreguemos que dócilmente el Presidente de la República, a quien se le permite obtener riquezas a cambio de dejar hacer y dejar pasar en la fundación de nuevas zonas agrícolas, nuevos ingenios, nuevos bancos, centros comerciales, hospitales privados, transporte, explotación petrolera y minera.
Es preciso que el Colegio de Abogados se mantenga lejos de la impunidad, cercano con la ética profesional. Tendremos que ver que el país camine por el sendero de la justicia social.
No es posible continuar en crisis de valores, crisis en la economía, con el nepotismo en donde un funcionario tiene bien colocados a todos sus familiares, desplazando a trabajadores que con esfuerzo habían conseguido plazas en la administración pública.
Entonces el colegio será escuchado y su palabra será guía en el destino nacional.
Tengamos como guía el pensamiento de Santiago López Aguilar, de Mario López Larrave, los dos en el ramo laboral. También es -importante- buscar un poco más lejos en la historia y encontrarnos con la lucha del abogado nicaragí¼ense Salvador Mendieta, quien tanto predicó por la unión de la patria grande de Centroamérica, y no digamos de Eugenio Silva Peña, quien con valentía se enfrentó a los tiranos.
Son tantos los temas en los que el colegio puede opinar, por ejemplo en el caso de Belice, en el cumplimiento de los Acuerdos de Paz, en el castigo para los funcionarios que han sustraído decenas de millones de quetzales, de los grandes engaños y estafas en contra del pueblo.
Será difícil rescatar a Guatemala asediada por las fuerzas del mal: Narcotráfico, corrupción a todo nivel, crimen organizado, pérdida total de valores en los que la vida misma no tiene ningún respeto, en donde la riqueza se encuentra tan abismalmente repartida, con la mayoría de la juventud sin estudio, desempleo al límite de lo que un pueblo puede tolerar. En medio de todo este infortunio el Colegio de Abogados tiene mucho que ofrecer siendo una luz al final del túnel. Es una tarea ardua, pero no imposible.
Leyendo el Código de í‰tica del Colegio de Abogados nos enteramos de la conducta que el profesional tiene que observar en las Cortes, con los colegas, jueces, clientes…, pero existe una actitud que no la regula el código y es la absoluta identidad ante el Creador del universo, que le impide al abogado transgredir la legislación y dar la espalda a su pueblo. La pobreza de la mayoría de la población guatemalteca es el mayor reto que el abogado tiene para duplicar su esfuerzo. No todos nacimos para llegar al sacrificio como lo hizo Jesucristo, pero sí para llevar una existencia que refleje el fiel cumplimiento de la ley.