Lí­mites


En algunos cí­rculos se habla sobre los lí­mites personales que deberí­an ejercer en el trato interpersonal los seres humanos. Las relaciones humanas son quizás lo más difí­cil que existe para el desenvolvimiento de la humanidad en su desarrollo como civilización y como seres en concordancia.

Roberto Arias

Lo cierto es que el ser humano, en su diferenciación de los animales irracionales, es un ente que es impulsado por pasiones. Si Adán y Eva hubiesen respetado sus lí­mites, la humanidad no tuviera el enorme conflicto que afronta con respecto a su propia existencia.

La envidia y sus pasiones derivadas son las que promueven la inconformidad de los seres humanos y, finalmente la consecuencia o el resultado es la condición caótica en la que se encuentra la humanidad en sus niveles globales.

En términos generales, los guatemaltecos podrí­an mejorar su interrelación social si hicieran un esfuerzo para conocer los lí­mites que deberí­an respetarse en una sociedad civilizada. Jesucristo, el Hijo unigénito del Dios de los hebreos, Jehová, lo dijo hace más de dos mil años: ímense los unos a los otros. Benito Juárez, cinco veces presidente de la República mexicana, quizás el más grande de los lí­deres que ha tenido México, dictó la famosa sentencia: El respeto al derecho ajeno es la paz entre los individuos y entre las naciones.

En los tiempos modernos se le reconoce como «Lí­mite» a la misma esencia de la idea del amor o respeto a los derechos del prójimo. ¿Por donde empezamos a analizar una idea tan elemental, tan simple, pero a la vez una idea tan grandiosa que podrí­a regenerar a toda la humanidad si ésta la tomara en serio y la practicara universalmente?

El amor o el respeto a los demás es un valor que cuesta practicarlo debido a que nuestros marcos sociales, de donde es sumamente difí­cil salir o desenmarcarse, nos tienen atrapados dentro de sus pasiones, especialmente por la voracidad, la avidez, la codicia, la envidia, la apetencia o el adjetivo que a usted, estimado lector, le plazca mejor utilizar para calificar el amor al dinero.

¿Qué son los lí­mites personales? Son la distancia que marca entre usted y otras personas y que depende de pensamientos, actividades y sentimientos que van o no de acuerdo a sus intereses o deseos personales. El establecimiento de lí­mites contribuye a lograr la madurez psicológica y a formar la identidad personal. Alguien está bien definido cuando sabe lo que es y lo que no es; cuando ha elegido lo que piensa, siente y quiere. Los lí­mites indican asimismo lo que no piensa, lo que no siente, lo que no puede y lo que no debe y lo que no quiere. Saber quién es, qué lo diferencia de los otros. Esto nos da conciencia de nuestra identidad. Esto nos da unidad y nos permite reconocernos y movernos adecuadamente en nuestro ámbito.

Lo más difí­cil es establecer los correctos lí­mites personales, sin caer en los dos errores extremos: sobrepasarlos o cercenarlos en demasí­a. Todo poder que no reconozca lí­mites, crece, se eleva, se dilata, y por fin se hunde por su propio peso. Si el medio más seguro de ocultar nuestros lí­mites es no traspasarlos, también es un profundo error creer que no hay nada por descubrir; equivale a tomar el horizonte por el lí­mite del mundo. Sepamos que el espí­ritu humano se extiende a medida que el universo se despliega.

Sin lí­mites personales y colectivos, Guatemala seguirá estancada y en retroceso hacia donde se han mantenido en crecimiento ilimitado la voracidad y el egoí­smo.