Es normal que con el correr de los tiempos vayan cambiando las costumbres de los pueblos, pues cada generación trae sus inquietudes y va adaptándose a los adelantos de las nuevas épocas.
Cuando era chico tanto la Cuaresma como especialmente La Semana Santa se respetaba en gran manera. Los cantineros, por ejemplo, se quejaban de que las ventas de licor les bajaban ostensiblemente pues aun los consumidores consuetudinarios dejaban de consumir para la Cuaresma.
Recuerdo, como la harían mis contemporáneos, que para esos días toda la feligresía católica, que era la única, observaba una actitud especial, las señoras llevaban faldas almidonadas, plisadas, enyuquilladas y planchadas a su caminar se oía: «ras- ras» usaban un manto de burato negro con el cual se cubrían las espaldas y la cabeza cuando entraban a un templo, en señalar de respeto. Sí había otras mujeres que llevan vestido corriente, pero calzaban botas con un sinfín de botones. No llevaban zapatos con tacones súper altos, ni puntiagudos, ellas eran todo un recato. Los hombres por lo consiguiente, trajeados con terno, es decir, saco, chaleco, con leontina y pantalón. Zapatos igualmente de botones y punta cuadrada.
Para la Semana Santa, de lunes a viernes el respecto era mayor. No se hablaba con voz alta, a los niños no se nos dejaba efectuar nuestras jugarretas. Las señoras se esmeraban en las comidas para esos días. En toda la Semana Santa no se bañaban las gentes porque consideraban que era falta de respeto, y el que lo hiciera el Jueves Santo, decían que se convertiría en pez. Sin embargo, ya algunas gentes se iban a las playas del Puerto de San José, y retornaban como gentes. Por supuesto, los católicos no faltaban a ver el paso de las Procesiones, que ya eran suntuosas; con el transcurrir del tiempo, cada vez son más ornamentales.
Todo esto sale a que he visto un desplegado de prensa, y que también me lo han comentado algunos de mis lectores, en donde se muestran dos glúteos de mujer, con bragas, por supuesto, pero que al pie dice «A diez días de Semana Santa Tú Puedes Lograrlo». Por lo expresado, ese desplegado atentan con el sentimiento religioso del pueblo católico, porque ¿Cómo va a compararse un trasero de mujer con los días más respetables de la religiosidad católica? ¿En dónde queda el Vía Crucis de Nuestro Señor Jesucristo? í‰l no se sacrificó para eso. Por otra parte también hay falta de respeto hacia el sexo femenino, pues no obstante el consentimiento de la modelo para posar así se codifica a la mujer, se le da categoría de mercancía.
No es pecar de pacato ni estar en contra de la creatividad para promocionar los beneficios de determinado producto, pero debe haber ética, y respeto hacia las creencias religiosas de un pueblo. No es malo antes de lanzar determinada publicidad, se consideren los pros y los contras de su impacto. La Semana Santa es motivo de profundo respeto. Pues conmemora el gran sacrificio del Mártir del Gólgota.
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