Para complicar y agravar el laberinto, el mal servicio, la obsolescencia de los autobuses, la inseguridad, la violencia en contra de los pilotos y usuarios del transporte urbano se ha convertido, igual que el narcotráfico, en una de las dos principales maneras de evidenciar la delincuencia en el país.
jfrlguate@yahoo.com
El problema es tan grande que sin tener conocimiento específico y capacidad al respecto opinan directores de la Cámara de Industria, de la Cámara del Agro, del Cien, etcétera, quienes por supuesto de transporte urbano, de vehículos y metodología de operación, así como de costos y soluciones al mismo saben tanto como mi último nieto recién nacido.
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La situación es tan grave que a estas alturas para resolverla hay que dividirla en sus diferentes aspectos. Lo mejor sería pedir el apoyo al gobierno de Brasil, a las municipalidades de ese país, para que nos compartieran expertos en rutas; a los norteamericanos y a los japoneses para que nos propusieran el tipo de vehículos ideales, más adecuados a nuestra topografía, a nuestra altura (para así evitar en parte la contaminación del medio ambiente), Â al diseño geométrico de nuestras calles y avenidas, unidades que por supuesto deberían de tener el sistema de cobro previo para que los conductores no manejasen dinero en efectivo.
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En cuanto a la inseguridad y violencia en contra de pilotos y usuarios, la primera medida que debería de aplicarse es la creación de un cuerpo de policía no uniformada para que, igual que se hizo ante los secuestros y violencia en los aviones en el pasado, en todo vehículo se transportaran dos personas no uniformadas y una uniformada. Adicionalmente se establecieran puntos de control en las diferentes rutas con policías dotados de motocicletas, de equipos de radio que les permitiera una comunicación permanente entre sí y con los elementos de seguridad dentro de cada vehículo y así reaccionar y capturar a cualquier persona que atentara contra los pilotos y usuarios del transporte urbano.
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Es más, las unidades que se adquirieran y las que actualmente forman parte del Transmetro se les puede dotar de un sistema de GPS que permitiría un constante monitoreo de todas las que se estuvieran desplazando, igualmente pueden colocarse cámaras y videograbadoras en los autobuses como se hace actualmente en las tiendas de conveniencia, almacenes y supermercados, para tener una constancia de cualquier acción delictiva.
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Sin duda alguna, todas estas medidas ha implementar serían un disuasivo rápido. También debería crearse unidades específicas de investigación para que cualquier acción o intensión de atentar contra el transporte público y sus usuarios recibirían una atención que disuadiría a la mayoría de quienes actualmente han encontrado su modus vivendi a base del cobro y chantaje que efectúan contra los pilotos y el sistema de transporte urbano.
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Lo que sin duda alguna no puede continuar es el actual sistema de propiedad individual de las unidades del transporte urbano, el cual debería ser sustituido por empresas de transporte público de propiedad municipal o de propiedad mixta pero perfectamente administradas para terminar con la política de río revuelto ganancia de pescadores. Todo lo propuesto costaría menos que los dos mil millones que malversó el Conejo.