Se debió enfrentar la violencia hace tiempo


La población exige que el gobierno de ílvaro Colom tome acciones firmes para enfrentar la violencia y la inseguridad. Se vive una contradicción: el Estado, incluidos el gobierno y el sistema de justicia, por un lado reprime al movimiento social -ocho años de prisión a Ramiro Choc, lí­der campesino, por conducir protestas contra la ocupación ilí­cita de tierras campesinas- y, por otro, no impide el accionar de la delincuencia, al punto de desestabilizar al paí­s, ni la impunidad de los responsables de crí­menes de guerra y cuantiosa corrupción. Este es un Estado al revés.

Ing. Raúl Molina

La semana pasada, la impotencia del Estado llegó a su nivel más bajo y se hizo más evidente el ví­nculo entre desestabilización social y la polí­tica. Declaraciones irresponsables de polí­ticos, que se combinaron con una campaña por Internet para exigir la renuncia de Colom, promoví­an una crisis polí­tica. Quedó en evidencia, igualmente, que las acciones violentas son producto de la coordinación entre actores polí­ticos -como fueron los casos del secuestro y tortura de la licenciada Gladys Monterroso, esposa del Procurador de los Derechos Humanos, y el asesinato del señor Albinci Barrios, alcalde de El Asintal- y los capos del crimen organizado, que cuentan con la colaboración de pandillas para lanzar ataques en buses y calles de Guatemala.

Este momento exige que la sociedad civil apoye al Estado, ya que si el motivo oculto para estos delitos es provocar un golpe militar o derrocar al Gobierno no debemos tolerar que dicha intención tenga éxito. Pero el Estado también debe actuar de inmediato y con la más firme determinación. El Arzobispo, el Procurador de los Derechos Humanos, el Rector de la Usac y un dirigente Evangélico han presentado una propuesta al Presidente para mejorar la seguridad y controlar la violencia. í‰sta debe ser informada a la población y puesta en práctica por el Estado.

En apoyo a las medidas sugeridas por la sociedad civil, como Red por la Paz y el Desarrollo de Guatemala (RPDG) exigimos que: a) el gobierno solicite a las Naciones Unidas la prórroga de CICIG por dos años más, así­ como que se modifique su mandato para darle más poder para enfrentar la impunidad que ha conducido al clima actual de violencia e inseguridad; b) el gobierno solicite a la ONU el enví­o de una misión internacional de policí­a, ya que la PNC no cuenta con la confianza de la población (todo policí­a debe ser sometido a riguroso escrutinio y los esfuerzos de seguridad deben sufrir una total transformación); y c) el gobierno cese de criminalizar y perseguir al movimiento social. Una inmediata amnistí­a para los dirigentes y militantes de dicho movimiento es justa y necesaria, ya que han sido sometidos a juicios y penas por ejercer su derecho a resistir el abuso y la explotación. El Estado necesita el apoyo de la población; no obstante, ese apoyo será una quimera si grandes sectores son excluidos y enemistados.

No es momento para maniobras polí­ticas. Dentro de menos de tres años el electorado identificará quiénes actuaron correctamente en este perí­odo de crisis y quiénes solamente trataron de «llevar agua a su molino». El pueblo de Guatemala se acerca al punto de desesperación. Todos y todas debemos actuar, si bien la responsabilidad principal corresponde al Gobierno.