En medio del la convicción generalizada de que las Cumbres presidenciales tienen poco efecto práctico en la vida de los ciudadanos, no se puede ocultar que en la que se realizará este mes en Trinidad y Tobago con todos los gobernantes de países que forman parte del sistema interamericano de la OEA tiene un atractivo muy especial porque es el debut del presidente Obama junto a sus colegas de América Latina y el Caribe, hecho que, además, genera muy altas expectativas porque tras los ocho años de Bush, en los que hubo un marcado desinterés y hasta desprecio por la región, el nuevo gobierno ha dicho que quiere escuchar a los mandatarios de América y establecer vínculos de cooperación.
ocmarroq@lahora.com.gt
La verdad es que no pueden esperarse cambios dramáticos porque la política exterior de los Estados Unidos no opera de esa forma. Importante ha sido, sin duda alguna, la nueva actitud del Departamento de Estado respecto al tema del narcotráfico al asumir responsabilidades en lo que se refiere a la importancia que tiene el consumo de drogas en Estados Unidos en el marco de ese serio problema de seguridad continental, pero en general el interés norteamericano en los próximos años estará más en resolver la crisis económica y enfrentar las dos guerras que libran actualmente que en ponerle atención al hemisferio.
De allí la importancia que tiene para la opinión pública la presencia de Obama en la Cumbre, porque no se puede negar que su liderazgo ha generado oleadas de simpatía y confianza no sólo en Estados Unidos sino en todo el mundo y Latinoamérica no es excepción. En ese sentido se puede decir que es la Cumbre de Obama, pero no se puede ni debe descartar el factor Chávez que también tendrá importancia en el encuentro. Por supuesto que no podrá decir que el ambiente huele a azufre, como dijo con Bush en Naciones Unidas, pero es más que probable que asuma alguna de sus actitudes histriónicas para llamar la atención y ganarse la cobertura de los medios. En otras palabras, Chávez tratará de robarse el show que en la lógica natural le corresponde esta vez al Presidente norteamericano. La gran pregunta sería si el presidente de Venezuela podría contenerse y dar el beneficio de la duda a la nueva administración de Estados Unidos o si usará la Cumbre en Puerto España para promover su alternativa para las Américas confrontando a la gran potencia.
Obviamente el tema de Cuba será uno de los que servirán al Presidente Chávez, sobre todo tomando en cuenta que esta vez todos los países asistentes, con excepción de Estados Unidos, tienen ya relaciones diplomáticas con la isla y las expresiones pidiendo el fin del embargo han sido unánimes. Pero un planteamiento en ese sentido tiene más peso si viene de Lula y Bachelet, para citar dos nombres que merecen mucho respeto en Estados Unidos, que si es enarbolado por Chávez, Morales, Correa y Ortega.
Los acuerdos de las anteriores cumbres tienen notables rezagos en su ejecución y no hay razones para suponer que ésta será diferente en ese sentido. El sentido de urgencia de la crisis económica es importante, sin duda alguna, y puede hacer que se acuerden puntos concretos en la relación con los organismos financieros multilaterales, pero si como dicen todos los expertos, la relación personal entre los presidentes es lo más importante de las cumbres, no hay que quitarle el ojo a lo que sin duda hará Chávez para que lo enfoquen las cámaras.