Seis años de la invasión y ocupación en Irak


Recuerdo que vi por televisión la entrada de las tropas norteamericanas a Bagdad. Soldados estadounidenses pusieron la bandera de EE.UU. sobre la cabeza del monumento que representaba a Saddam Hussein, en una plaza de la capital iraquí­. Inmediatamente, alguien le pasó al militar una bandera de Irak. Esto dio la impresión de que después se acordaron de que lo que estaban haciendo era «liberar a Irak».

Juan Pablo Ozaeta

El periodista mexicano Joaquí­n López Dóriga dijo en el noticiero: – Y la pregunta ahora es: ¿dónde están las armas de destrucción masiva? Pregunta que nos podrí­amos estar haciendo todaví­a, si no supiéramos que ese no era el motivo por el cual estaban atacando ese paí­s, como en su momento lo señaló el ex presidente Bush.

El gobierno norteamericano en 2003 hizo uso de su maquinaria mediática para justificar su presencia en esa nación, y escudándose en la «lucha contra el terrorismo», lo que pretendí­a era establecer su dominio en una región rica en petróleo y gas, tan necesaria para sostener su sistema capitalista que es en exceso depredador y consumista.

El balance de esta ocupación es trágico. Información publicada por redes internacionales de derechos humanos señalan que hay alrededor de 1 millón de personas muertas, 4,5 millones de habitantes iraquí­es han sido desplazados, 5 millones de huérfanos, y hay un severo daño psicológico, social y patrimonial que no puede cuantificarse. También al Ejército norteamericano, esta guerra le ha cobrado más de 4,200 soldados.

Según estas publicaciones, la agencia Oxfam realizó una encuesta a las mujeres iraquí­es, que arrojó que un 55% de las mujeres afirmaron haber sido ví­ctima de la violencia desde 2003 y el 30% afirmó que miembros de su familia habí­an padecido una muerte violenta. También, el 55% afirmó haber sido obligada a abandonar su casa al menos una vez desde 2003, un 25% afirmó no tener acceso diario a agua corriente y la mitad de las que tení­an acceso afirmaron que el agua no era potable. Una tercera parte de las mujeres afirmó tener electricidad por menos de tres horas al dí­a, y un 40% aseguró que sus hijos e hijas no estaban asistiendo a su centro educativo.

Lamentablemente, el ofrecimiento de campaña, de acabar con esta cruel ocupación, se quedará solo en eso. El popular lí­der norteamericano, no sustituyó a los principales funcionarios de defensa. Y se prevé que se mantengan decenas de miles de soldados estadounidenses ocupando Irak. Mientras, el presidente iraquí­ declaró que las tropas norteamericanas no se retirarán de ninguna de las ciudades en las que siguen teniendo conflictos.

Es una pena este engaño, porque además de que el terror continuará en Irak, parecí­a que muchas personas en Estados Unidos, votaron para terminar con esa guerra.

Pero, ¿por qué meterse en problemas que nos son ajenos, si en nuestro paí­s está muriendo tanta gente inocente y el terror también está agudizándose?

La ola de asesinatos que están aterrorizando nuestro paí­s tiene una vinculación al narcotráfico. La presencia de los cárteles mexicanos en el paí­s es resultado de la guerra contra el narcotráfico promovida por el gobierno mexicano contra sus cárteles. El gobierno de EE.UU. reconoció que el 90% de las armas de los cárteles mexicanos son obtenidas en su paí­s.

Las causas de los hechos de violencia que estamos sufriendo son complejas. Pero una arista se vincula a la vocación armamentista de EE.UU., que siembra terror en el mundo, y contamina a su juventud que es la principal consumidora de droga en el mundo.