Bill Wyman, conocido por su trabajo como bajista de los legendarios Rolling Stones, lleva una vida sencilla. Acostumbra tocar clásicos del rhythm»n»blues con sus amigos, se mantiene alejado del legado Stone y desdeña los hoteles de lujo. Previo al concierto que ofreciera el sábado en Girona, España, departió con amigos y se dejó fotografiar con sus fans. Empero, se negó a firmar discos de los Rolling Stones, aduciendo que éstos generalmente acaban enriqueciendo a subastadores anónimos.
En 1992, el temperamento discreto del bajista le hizo abandonar la famosa agrupación, cansado de presenciar la lucha de egos de sus dos principales compositores, Mick Jagger y Keith Richards. Ahora, lejos del torbellino que representa pertenecer a una banda tan paradigmática, Wyman está experimentando un retorno a sus orígenes musicales, a los ritmos negros que en su juventud le despertaron el apetito musical (Chuck Berry, Ray Charles y Screaming Jay Hawkins, entre otros), así como a la vida en la carretera en un sentido literal, es decir, de autobús y no de avión privado.