El primer ministro israelí designado, Benjamin Netanyahu, concluía hoy la formación de su gabinete intensificando sus gestiones para atraer al Partido Laborista, dividido entre su jefe Ehud Barak y la mayoría de sus parlamentarios, opuestos a esa unión.
El partido Likud de Netanyahu cerró anoche un acuerdo de coalición con el partido ultraortodoxo sefardí Shass, al cual prometió cuatro carteras ministeriales, incluyendo Interior, Vivienda y Cultos.
El jefe del Shass, el viceprimer ministro Eli Yishai, descartó inmediatamente toda «concesión respecto a Jerusalén», cuyo sector árabe fue anexado por Israel después de conquistarlo en 1967, y donde los palestinos aspiran a establecer la capital de su futuro Estado.
Se trata del segundo acuerdo de coalición firmado por el Likud después del concluido con el partido de extrema derecha laico Israel Beiteinu. En conformidad con ese primer acuerdo, Israel Beiteinu (15 bancas en el parlamento unicameral de 120) obtuvo el ministerio de Relaciones Exteriores, que será otorgado a su jefe, Avigdor Lieberman.
Una delegación laborista designada por el jefe del partido, Ehud Barak, ministro saliente de Defensa y partidario del ingreso al gobierno, se reúne hoy con representantes del Likud cerca de Tel Aviv.
Su objetivo es concluir antes de mañana un acuerdo con el Likud para presentarlo ese mismo día ante el congreso del partido.
Los diputados laboristas opuestos a esa participación (siete de un total de 13) denunciaron esta iniciativa, afirmando que estaba destinada a poner al partido ante «un hecho consumado» y acusando a Barak de actuar por interés personal.
Barak respondió que obra «por el interés superior del Estado» para crear un «contrapeso a la extrema derecha» justo cuando el país enfrenta el doble desafío de «la crisis económica» y la «amenaza (nuclear) iraní».
Se trata de un cambio de posición, porque después de las elecciones legislativas del 10 de febrero y la derrota sin precedentes de los laboristas, Barak había afirmado que ingresaría a la oposición.
Ayer, el primer ministro saliente Ehud Olmert –cuyo partido centrista Kadima se niega a participar en el próximo gobierno– criticó enérgicamente a Barak y avisó de la posibilidad de que Israel se vea aislado internacionalmente si se niega a dar un Estado a los palestinos.
De acuerdo con la prensa de hoy, Olmert subrayó en el consejo de ministros de ayer que la negociación con la Autoridad Palestina apunta a la creación de «dos Estados para dos pueblos», y que cualquier gobierno israelí que cuestione esa estrategia «perderá el apoyo internacional».
«La verdadera opción es de dos Estados para dos pueblos o de un Estado para dos pueblos. Quienes no lo ven así se equivocan de mundo y le causan un gran daño a Israel», dijo Olmert, según dicho informe.
Netanyahu se comprometió a continuar las negociaciones con los palestinos, asegurando que al mismo tiempo intensificará la colonización en Cisjordania ocupada y negándose a adoptar el principio de «dos Estados para dos pueblos».
Ya dispone de la mayoría absoluta en el parlamento gracias al respaldo de los grupos religiosos y de la extrema derecha, pero preferiría un gobierno ampliado que incluya a los laboristas.