Jean Christophe Parisot no es un candidato como los demás ya que no desea ganar las elecciones. Tetrapléjico y víctima de una enfermedad degenerativa, este francés de 39 años pretende sólo conquistar suficientes apoyos de cara a las presidenciales de 2007 para dar voz a cinco millones de minusválidos.
Fundador del Colectivo de Demócratas Minusválidos (CDH, en francés) en 2000, Parisot quiere dedicar el tiempo de vida que le queda a conciliar la democracia con una vida digna para quienes viven calvarios semejantes al suyo.
Por primera vez, los franceses con minusvalías no desean suplicar ayudas a los ministros sino entrar en la vida pública: pasar de espectadores a actores, afirma este hombre, primer tetrapléjico del país licenciado en el prestigioso instituto de Ciencias Políticas de París.
Devorado por una enfermedad que fue invadiendo poco a poco su cuerpo, Parisot cree que sólo la acción política podrá abrirle las puertas de aviones, cines, autobuses o universidades que encontró cerradas desde niño.
Pero en Francia tenemos una concepción todopoderosa del poder y el hecho de que un político sea minusválido nos incomoda. Por ejemplo, sería inconcebible que un ministro fuera ciego y cuando vemos que el presidente Jacques Chirac usa un aparato auditivo hay un terremoto, recuerda.
Prisionero en su silla de ruedas y con movimiento sólo en dos dedos de la mano derecha, este candidato, casado y con cuatro hijos totalmente sanos, sigue siendo un hombre inquieto y expresivo, con una actividad mental frenética, una agenda repleta y una obsesión por lo que le queda por hacer.
El espíritu luchador lo heredó de su abuelo, deportado y muerto a los 33 años por haber refugiado judíos durante la segunda guerra mundial y la tenacidad debe venir de sus padres, que lucharon por dar a Parisot y a sus dos hermanas, también minusválidas, una vida casi normal.
Elegido por unanimidad por los 500 afiliados del partido en septiembre, Parisot garantiza que no es ni de derechas ni de izquierdas pero lamenta que en los programas de los dos grandes candidatos a la presidencia de Francia, la socialista Ségolí¨ne Royal y el conservador, Nicolas Sarkozy, los minusválidos merezcan apenas unas líneas.
En 2002 y sin hacer campaña, Parisot logró 16 de las 500 firmas de políticos necesarias para avalar una candidatura en Francia y dos años después consiguió más votos que los ecologistas y la extrema derecha en unas elecciones regionales.
De cara a 2007, asegura estar muy por encima de los apoyos conseguidos hace cinco años y ofrece sus ideas y los votos de miles de minusválidos a otros candidatos más poderosos, siempre y cuando ofrezcan una contrapartida.
Al alcalde de un pequeño pueblo al que pido mi apoyo le explico que esta candidatura es apolítica y no busca mi victoria sino dar a los minusválidos unos derechos mínimos: desde un apoyo financiero hasta una asistencia sexual, asegura.
Según Parisot, más que una carga social, los minusválidos son la oportunidad de humanizar la política francesa.
Desde su época de estudiante, cuando escuchaba al profesor desde el pasillo porque no podía acceder con su silla de ruedas al anfiteatro donde se celebraban las clases, muchas cosas han cambiado, pero la mentalidad sigue siendo idéntica y la minusvalía en Francia se sigue viendo como una maldición.
Para explicar cómo pasó de ser un condenado al centro especializado a un político, Parisot sacará a la venta esta semana su autobiografía Vivir libre o morir.
Esta aventura política me estimula aunque a veces el terrible sufrimiento me da la tentación de claudicar. El apoyo de familia es también esencial. Ellos saben éste que es el combate de toda una vida, concluye.