Penosa labor de rescate


Grupos de rescate trabajaban en precarias condiciones, dificultadas por intensas lluvias, para ubicar a más de 30 personas sepultadas por un alud de lodo y piedras que arrasó el lunes un campamento minero en el sudeste de Perú y ha dejado hasta ahora 13 muertos.


La zona del desastre, el poblado minero de Huanchumay, se encuentra en la ceja de selva del departamento de Puno, una zona de extrema pobreza, montañosa sobre los 3.400 metros de altitud y sin acceso por carretera, azotada por fuertes lluvias que hacen inestables a los cerros y provocan constantes deslizamientos.

«El balance hasta el momento es de trece muertos; siete cadáveres han sido trasladados por helicóptero hoy hasta la vecina localidad de Ituata y quedan aún seis en el lugar», dijo Nancy Rossell, alcaldesa de Carabaya, provincia a la que pertenece Huanchumay, 1.300 km al sudeste de Lima.

Por tercer dí­a consecutivo, los brigadistas se dieron a la tarea de remover toneladas de piedras y barro que se desprendieron de lo alto de un cerro y cubrieron el campamento, instalado en la ladera del mismo.

La alcaldesa dijo que el número de ví­ctimas podrí­a ser mayor debido a que se estima que por lo menos 30 personas no pudieron escapar y quedaron bajo el fango.

«En realidad no se conoce con exactitud la cifra de desaparecidos, pues además de los mineros habí­a otras personas al momento del alud, como comerciantes», añadió al describir el estado de confusión que persiste en el lugar.

Por su parte, Roger Saya, alcalde de Ituata, afirmó que los desaparecidos suman más de 30, aunque testimonios recogidos en la zona del desastre señalan que la tragedia -que se produjo a las 6 de la mañana del lunes- pudo ser mayor.

«La luz del dí­a permitió que unas 150 personas, sobre todo niños, se salvaran de morir; lamentablemente las personas que fallecieron aún se encontraban dormidas», dijo el médico rescatista Aldo Vallena, citado por el diario La República.

Huanchumay tení­a viviendas precarias y es posible que el aluvión haya arrastrado los cuerpos hacia un rí­o, tres kilómetros cerro abajo, dijo el médico.

Los mineros trabajaban en Huanchumay, una mina de oro informal en la que realizaban sus labores sin las mí­nimas condiciones de seguridad y donde además, desde enero hasta marzo, suelen llegar jóvenes y escolares para trabajar aprovechando sus vacaciones de verano.

En toda esa región hay varios centros mineros en similares condiciones de inseguridad, que viven con el peligro latente de las avalanchas, sobre todo en esta época del año en que las lluvias son intensas a lo largo de la Cordillera de los Andes.

Un informe del servicio meteorológico dio cuenta que las precipitaciones se intensificarán en Puno durante este mes.

Alrededor de 100 mil personas están dedicadas directamente a la minerí­a informal en el paí­s, y otras 500 mil indirectamente, actividad que es mayor en los departamentos de Puno y su vecino Madre de Dios. También en Ica (sur) y Piura (norte), informó el ministerio de Energí­a y Minas (MEM).

La presencia de los mineros informales es un tema de varias décadas pero con el paso de los años ha aumentado, dijo Ví­ctor Vargas, director general de Minerí­a del MEM.