Esta semana fue noticia la visita del mandatario guatemalteco a Cuba. La entrega de la Orden del Quetzal al líder de la Revolución Cubana acaparó la mayor parte de la cobertura y comentarios al respecto del tema, y poco se habló de resultados.
No se tocó la agenda de los empresarios nacionales que acompañaron al Presidente y mucho menos si el mandatario se encontró con los más de mil connacionales que se encuentran en la isla realizando sus estudios de medicina y otras carreras.
Tengo un buen amigo que, gracias a la solidaridad de Cuba y su Gobierno está sacando una especialidad en medicina, luego de haber obtenido su título de médico en ese país. í‰l me contó que el presidente ílvaro Colom llegó a las instalaciones de la Escuela Latinoamericana de Medicina -ELAM- que alberga a miles de estudiantes de este y otros continentes.
Según este amigo, el Presidente al hacer uso de la palabra frente a toda la concurrencia se refirió a un tema que en una gira internacional no venía al caso. Literalmente, el presidente Colom expresó: «Muchos pensaban que a PH la Primera Dama se quedaría barriendo y lavando en el Palacio, pero eso no va a ser así…»
Seguramente nuestro Presidente creyó que sonaría muy progresista hablar en Cuba del papel protagónico que tiene su esposa en su actual administración. Yo no estoy en contra de eso, pero la manera en que habló el Presidente parece que no fue la adecuada. Mi amigo me comentó que él y sus compañeros guatemaltecos se sintieron avergonzados de la manera en que Colom habló en ese país.
Luego de trasladarles estos entretelones del viaje de nuestro mandatario a Cuba, quería referirme al potencial olvidado que significa esta juventud guatemalteca que se está preparando para recibirse como médico. Según la Embajada cubana en el país, en la selección de estos estudiantes se prioriza a aquella población que vive en las área rurales más postergadas, y que en definitiva no tienen oportunidades de estudiar.
El objetivo, cuando se empezó este convenio con el Gobierno de ílvaro Arzú, era que las y los médicos graduados en Cuba debían ir a prestar servicio a estas zonas marginadas, donde no existen médicos, y que en muchos casos la única presencia médica ha sido la brigada médica cubana (más de 500 médicos cubanos en las zonas rurales).
Sin embargo, desde la graduación de la primera promoción de médicos graduados en Cuba, esta juventud se ha encontrado con problemas para homologar sus títulos en Guatemala. A muchos de estos primeros graduados se les envió a trabajar en áreas donde no residían, recibían muy poco para su estancia en la zona, y no les permitían hacer otros trabajos remunerados por no tener el título nacional.
Resultado de esto, según me explicó este amigo, unos 30 graduados guatemaltecos de esa promoción se fueron a trabajar a España y otro poco más a Sudamérica, donde no les exigían la homologación del título, mientras que otro grupo se encuentra haciendo especialidades en Cuba esperando que la situación sea diferente y mejoren cuando regresen al país.
Si nuestro Presidente en verdad es progresista y quiere mejor las condiciones sociales de nuestra gente, lejos de una estrategia electoral, no debe permitir esta fuga de cerebros y apoyar a estos médicos.