Superpoblación escolar


De suyo la explosión demográfica eleva los í­ndices estadí­sticos, año con año. Eso mismo sirve de fundamento en el sentido que ahora exhibe su rostro la superpoblación escolar en el sistema educativo nacional. A manera de una dualidad: complacencia para el gobierno de Colom, pero problemática aguda que orilla mucho más a la crisis.

Juan de Dios Rojas
jddrojas@yahoo.com

Sirve de datos manifiestos de cara al tema central de demostrar que en la actualidad es un hecho la gratuidad educativa, puntal directo que anima sin duda al bombardeo publicitario. Y en efecto tiene una reiteración distante demasiado de lo habitual, en ejercicio del Poder Ejecutivo de la UNE en el presente cuatricenio hoy en dí­a.

Consecuencias evidentes atribuidas a dicha superpoblación escolar son diversas, todas de gran impacto, que ponen en salmuera a los habitantes en general. Genera de modo palpable enormes atascos viales, por razón de que el transporte colectivo es tomado prácticamente por asalto por los miles de escolares y obliga a utilizar vehí­culo propio.

Los aludidos atascos viales afectan los bolsillos, en virtud de un mayor consumo de combustibles en las llamadas horas pico a los automovilistas. Además de provocar momentos de alta tensión del estado de ánimo, al desbordarse las emociones rayanas de inmediato en situaciones violentas, constantes temas del momento de í­ndole temperamental.

La superpoblación escolar cuantificada fácilmente a ojo de buen cubero goza de protagonismo en los establecimientos oficiales. De la alegrí­a a la pena, por cuanto que sobrevienen ya las limitaciones a granel. Faltan escritorios o pupitres mejor dicho, inclusive pizarrones y maestros, en edificios deteriorados a lo sumo.

El panorama presenta una difí­cil postal que requiere la debida atención y la pronta solución gubernamental, acumulada de años anteriores, a extremo de un: ¡SOS! Ver a niños y niñas sentados en el suelo es deprimente, en tanto son dotados de lo indispensable y elemental, dado que el ciclo escolar tuvo inicio desde el 26 del mes de enero.

Para que tenga verdadera realidad el sonado caso de la gratuidad escolar, es menester la necesaria y urgente implementación correspondiente. Su aprestamiento indispensable si todo apunta a la funcionalidad del caso, requiere de facilitar las condiciones apropiadas que den paso libre a la operacionalidad tan esperada por unos y otros.

Entendemos que el problema presente viene a ser cuadrados nuevos en marcos viejos. Tampoco se supone la existencia de una varita mágica, capa de superar los déficits prevalecientes en unos pocos dí­as. Hace falta buena voluntad de servicio y la estrecha colaboración de padres de familia, autoridades y comunidades respectivas.

Veamos cómo en la práctica resultan las contradicciones siempre infaltables por más que se bajen las estrellas. En la actualidad es temática absorbente del interés generalizado, dicha educación gratuita en el sector oficial. Sin embargo, ante la disposición terminante de no cobrarse nada, ahora no tienen ni para pagar la extracción de basura.

Eso y más, congruente con las necesidades imperiosas da la impresión de no haberse previsto cuestiones básicas atinentes al teje y maneje administrativo en los establecimientos nacionales. Después vendrán otros pagos, por ejemplo compra de escobas, trapeadores y similares diligencias, imposible de omisión monda y lironda.

Y mueve a la consideración un aspecto recurrente. Me refiero a la deserción escolar, misma que acentúa la famosa pirámide. Los primeros grados de primaria, abarrotados; empero los subsiguientes son afectados por el fenómeno de la deserción escolar en el correr del ciclo lectivo. Grave problemática en el área rural, sobre todo.