No sé si todos los países serán parecidos a Guatemala, pero aquí es un lugar complicado de gobernar. En este rincón del planeta imponer la ley exigiría no sólo de buenos sabuesos y guardianes celosos, sino de un plan de lavado de cerebro educativo que sea capaz de revertir esa tendencia congénita a burlarse de la ley y carcajearse de los idiotas que la cumplen.  En este diminuto espacio del universo sólo hay una regla: la aversión a las reglas.Â
Echemos un vistazo. Si se trata de lograr un acuerdo para consensuar los impuestos no falta el sector privado quejumbroso y lacrimógeno insistiendo que no tienen dinero (nunca tienen dinero). Se las ingenian para no pagar el tributo, no dan facturas y escamotean sus informes para quedarse habitualmente con el pisto (hay uno que otro que rompe el patrón, pero la tendencia es siempre la misma). Punto número uno: si la ley exige pagar impuestos, yo debo buscar a través de todos los medios no pagarlos.
La mejor prueba la puede encontrar hoy mismo en los periódicos. Ahí tiene a los empresarios de autos llorando en el Congreso de la República para que el porcentaje del pago de la primera matrícula para la importación de carros sea menor al 26 por ciento, imploran un 22 o mejor un 20 por ciento, pero no más. Esté atento porque ya verá que se saldrán con la suya con la complicidad de los mafiosos de siempre.
Si voltea los ojos en el Ejecutivo las cosas no son diferentes. El otro día se informó que los muchachos de la Presidencia de la República gastaron sólo en el mes de enero 1.5 millones de quetzales en alimentos (vaya que son comilones los patojos). La Prensa enfatiza que se «comieron» el 15.9 por ciento de los 13.1 millones de quetzales que se les asignó para comprar comida durante todo el año. Pero si eso lo escandalizó, prepárese para lo peor: ninguna de esas compras se registró en el portal Guatecompras. ¿Qué se puede deducir de lo anterior? Simple y sencillamente que los muchachos están de fiesta y aprovechan la oportunidad para despilfarrar a manos llenas. Punto número dos: si la ley te pide rendir cuenta del dinero, ignora la prescripción, piensa que los que exigen esas normas sólo son envidiosos por no estar en tu lugar.
Los transportistas también son los reyes del escamoteo de la ley. Resulta que el Acuerdo Ministerial 16-2009 del Micivi establece las nuevas tarifas para las llamadas rutas cortas, sin embargo, los empresarios del transporte con su chantaje de paralizar las rutas quieren imponerse a la normativa. Ellos quieren hacer su voluntad y punto. Aquí en Guatemala parece que vence quien se impone y hace mucho ruido. Punto número tres: Aunque hayas firmado la norma en una mesa de negociación, haz tu voluntad porque, recuerda, al final nadie cumple la ley.
Y los ejemplos podrían continuar ad libitum: los colegios imponen ilegalmente las cuotas a los padres de familia, los policías de tránsito establecen las multas que se les antoja, los presos delinquen desde los presidios y un etcétera que podría alcanzar la morada de Dios en el cielo. Dígame usted, ya en serio, con toda esta, diría Nietzsche, «voluntad de poder» ciudadana, esa tendencia natural sempiterna hacia la anarquía: ¿cree usted que alguien va a cumplir con eso de no fumar en lugares públicos? Ya verá cómo a partir de la vigencia de la ley contra el tabaco, la impunidad se volverá más popular.