La guinda para el alboroto causado por la decisión del Gobierno de condecorar con la Orden del Quetzal a Fidel Castro ha sido la negativa del veterano revolucionario a recibir al Presidente de Guatemala, ingeniero ílvaro Colom, no obstante que días antes apareció en fotografías en la que se le veía bastante bien de salud al atender y recibir a la presidente de Chile, la señora Bachelet.
En realidad se sabe que Castro es sumamente selectivo para recibir visitas y que desde que enfermó y entregó el mando a su hermano, Raúl Castro, no todos los gobernantes que han visitado la isla han sido recibidos por la figura destacada de la Revolución Cubana. Pero obviamente el tino diplomático aconseja que los gobernantes que no tienen confirmada una reunión a ese nivel, se abstengan de decir que están esperando que los reciba o que tienen confianza de que serán objeto del trato especial que para los visitantes extranjeros significa una audiencia con el líder revolucionario cubano.
En el caso de Guatemala, el presidente Colom no sólo insistió en varias declaraciones sobre la ilusión que le hacía la posibilidad de ver a Castro, sino que decidió llevarle la Orden del Quetzal, posiblemente con la idea de allanar el camino para la reunión que tanto le interesaba y que públicamente señaló como una de las ilusiones que le hacía el viaje a Cuba. Pero resulta que Fidel Castro no tuvo con Colom la deferencia que ha tenido para con otros gobernantes latinoamericanos, no obstante el alto costo político que ha tenido para el Presidente de Guatemala el viaje a Cuba por el tema de la condecoración que ha desatado viejos sentimientos que aún nos quedan como fuerte resabio de la Guerra Fría.
Uno pensaría que un Presidente que se ganó tanta animadversión en su propio país por la forma en que trató de mostrar su simpatía al líder cubano debió ser recibido por éste, pero no fue así. Se podrá decir que tras el resbalón que dio Castro con la mandataria chilena al enrostrarle el tema del conflicto con Bolivia por la salida al mar, decidieron ser más prudentes y evitar posibles nuevos bochornos, pero la verdad es que pocos gobernantes del mundo han sido tan explícitos en manifestar su admiración por Castro como Colom y no recibió ninguna compensación.
Habla mal de nuestra Cancillería el no aconsejar al mandatario que fuera cauto y reservado en cuanto a su deseo de ver a Fidel y peor aún el fracaso que significa el que vuelva con las cajas destempladas luego de la agria reacción que hubo en parte de la opinión pública local.