Después, no se quejen


Se ha vuelto tradición que nuestros gobernantes se vivan quejando de lo que no les conviene, aduciendo unas veces que no se les deja trabajar por obstáculos que se les ponen; otras, que hay desestabilizadores que les impiden cumplir su función, sin faltar las alucinaciones, como aquella de que les escuchan sus llamadas telefónicas o que sus opositores mienten, no aportan pruebas y engañan a la población, pues ellos son los padres de la honestidad, del cumplimiento y del respeto a las leyes que nos rigen. Lo que nunca dicen, claro, porque no les conviene, es que solo a través de la politiquerí­a han logrado darle vuelta a las normas y disposiciones que han buscado precisamente la transparencia y la forma cristalina como debieran manejarse los fondos públicos, logrando que serviles diputados del Congreso le quiten los «candados» a las disposiciones, que lo único que buscaban era mantener un justificado control sobre el uso de los mismos.

Francisco Cáceres Barrios

Mañana, cuando el presidente Colom y su gobierno sea objeto de duros señalamientos por hacer con el dinero de los contribuyentes micos y pericos, le pido por favor que no se vaya a quejar. Tampoco podrá lamentarse por su baja popularidad y estima, ya que la opinión pública le ha estado pidiendo, sin éxito, desde el primer dí­a en que salió electo, que corrija los malos manejos observados en los gobiernos precedentes. No, los controles no estaban solo por la gana de fregar la pita, sino que era lógico y elemental que en su afán politiquero, cosa que se detectó desde el primer dí­a de su mandato, lo que correspondí­a a salud, educación, seguridad e infraestructura que tanto requieren de la atención gubernamental, se fuera a distraer en cosas vanas, fútiles o sin trascendencia para lograr el bien común.

Quienes hayan querido justificar el haber dado su brazo a torcer parar quitar los llamados «candados», que por cierto no lo son, ni han sido ningún impedimento para que el Ejecutivo pueda realizar sus funciones a plenitud, también se van a lamentar más adelante, porque andar jugando a dos aguas por puros intereses partidarios o personales, dándole la espalda a sus simpatizantes, nunca ha sido útil ni beneficioso para jugar un buen papel en la oposición polí­tica. Tampoco gratificar a diputados con obras por haber logrado que el gobierno actual pueda hacer transferencias presupuestarias a su sabor y antojo ha servido de beneficio, al contrario, el bumerán siempre les ha llegado de regreso y si alguien duda de esto, basta con preguntarle su experiencia a tantos partidos polí­ticos que no han podido repetir su perí­odo en el poder. Como ven, estimados lectores, no hay tales que aparezca algún «Chespirito», por lo que no nos queda otra al resto de guatemaltecos que hacer grandes esfuerzos para defender lo que en derecho nos corresponde ¿o piensa seguir de brazos cruzados?