El tema de la impunidad en Guatemala termina desnudando a un Estado fallido cuyas autoridades mantienen el celo de negar el colapso de las instituciones, pero que salta a la vista por la forma no sólo en que se hace imposible que pueda haber una administración correcta de la justicia, sino porque además los poderes paralelos y fácticos son los que en verdad ejercen el control de las instituciones del país mediante la penetración en elevadas instancias.
Romper el marco de la impunidad no es cosa fácil y tanto es el grado de dificultad que hubo necesidad de pedir apoyo a la comunidad internacional que, generosa, nos ha enviado una Comisión de Naciones Unidas, que goza del respaldo de la Asamblea General pero también del patrocinio económico de media centena de países, para ayudar a combatir el flagelo que hace irrefutable el argumento que sustenta la tesis del estado fallido. Cuando el Estado no puede investigar un delito de alto impacto porque sus mismos agentes conspiran para evitar el avance de las investigaciones y luego vuelven a conspirar para impedir el juicio a los responsables, la verdad es que el panorama se vuelve negro y obliga a que se conforme una gran alianza de todos los guatemaltecos de buena fe para enfrentar la andanada de los poderes paralelos y de sus socios que tienen que descubrirse ahora para propiciar la defensa pública de sus intereses.
La soberanía de un Estado se caracteriza por su capacidad para aplicar su propia ley en todo el territorio nacional, puesto que un Estado que no puede hacerlo no está ejercitando el pilar fundamental de su soberanía. Repetimos un argumento muchas veces expresado en esta sección, en el sentido de que la estructura de la impunidad es producto de una decisión de Estado durante el conflicto armado interno, cuando se controló el aparato de justicia para dejar inmunes las acciones de los agentes oficiales en la lucha contra la guerrilla. Ese mismo control del aparato subsistió tras la firma de la paz y trasladó el beneficio a las organizaciones criminales que sabían cómo aprovechar la estructura de impunidad.
Si no logramos revertir la situación, aprovechando la existencia de una comisión que sin vínculos con grupos nacionales puede iniciar el ataque a la estructura del poder paralelo, no habrá otra forma de enfrentar la crisis que una profunda refundación del Estado mismo y eso significa ponernos en peligro de que pueda surgir alguna opción de fanatismo mesiánico que en vez de ser el remedio a nuestros males venga a aprovecharlos para crear una forma de gobierno contraria al interés nacional. Sobre todo tomando en cuenta el poder económico que tiene el mismo crimen organizado que puede ser el que, como paradoja, aproveche al Estado fallido para refundar uno a su gusto. Por ello, todos tenemos que actuar.