Otra vez, qué bien Nineth


Uno se cansa de criticar a los malos funcionarios y polí­ticos indecorosos que proliferan en nuestro medio y son pocas las ocasiones en que se puede y debe reconocer la responsabilidad y sentido del deber de algunas de las figuras públicas en el paí­s. No es casualidad que tenga uno que repetir el reconocimiento a la labor que viene realizando la diputada Nineth Montenegro, puesto que ha entendido a cabalidad su papel en el Congreso de la República y no sólo es la única que realiza una labor de fiscalización digna de tal nombre, sino que además ejerce su privilegio de proponer leyes en cuestiones realmente sensibles.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

Antes fue, junto a Rosa Marí­a de Frade, la propuesta para la Ley de Acceso a la Información y ahora nos trae a colación un asunto que debemos considerar crucial, de tanta o mayor importancia que esa ley de acceso a la información, porque tiene que ver con un nuevo esfuerzo por enderezar todo el sistema de justicia en el paí­s, así­ como el de verificación y control. En efecto, la diputada Montenegro propuso una ley para normar la forma en que deben realizar su trabajo las comisiones de postulación que por mandato constitucional se integran para designar a los candidatos a cargos de magistrados, fiscal y contralor.

De alguna manera me siento responsable por la forma en que se terminó contaminando al mundo académico con la más sucia polí­tica porque fue en el Consejo de Estado en tiempos de Rí­os Montt cuando con Amí­lcar Burgos trabajamos en el diseño de las llamadas leyes polí­ticas y se nos ocurrió entonces, para sustraer la designación de la autoridad electoral al manoseo polí­tico, pensar en una Comisión de Postulación que se integrara por representantes del mundo académico. Rectores, decanos de las facultades de derecho y representantes del Colegio de Abogados nos parecieron los más indicados para hacer una propuesta que tomara en cuenta la capacidad técnica y la ética de los postulados porque nadie mejor que ellos para conocer a sus colegas.

En ese mismo Consejo de Estado estaba con nosotros César Augusto Toledo Peñate, el «Muñeco» Toledo, gran amigo y maestro de quien aprendí­ mucho. í‰l repetí­a hasta el cansancio aquella célebre frase de que «hecha la ley, hecha la trampa» y recuerdo que cuando conversamos sobre la comisión de postulación para el Tribunal Supremo Electoral, idea original de donde vienen las demás, me dijo que le parecí­a que era una buena iniciativa, aunque no debí­amos olvidar lo que él tanto repetí­a.

Y desafortunadamente no se depuró el proceso de selección de funcionarios, pero sí­ se corrompió el mundo académico en el que se empezó a jugar polí­tica de grandes ligas, con los mismos intereses bastardos que caracterizan nuestra polí­tica criolla. Los mismos grupos de poder, que antes no reparaban en la elección de un decano o de un colegio profesional, les pusieron el ojo porque allí­ está la clave para controlar al poder judicial, la Corte de Constitucionalidad, el Ministerio Público, la Contralorí­a de Cuentas y, en resumen, todo el estamento de justicia y control.

Las comisiones cierran espacio para la gente honesta y restringen las listas a los que están en la jugada. Cambiar su proceder es un reto que pasa por hacer públicas sus deliberaciones y audiencias y por modificar todo el proceso de selección. Por eso es tan buena la iniciativa de Nineth.