El reporte de la Superintendencia de Administración Tributaria, en el sentido de que en enero de este año se observó una merma considerable en la recaudación del IVA, impuesto que rindió 14.1 % menos que en enero del año anterior, es un claro indicio de que en Guatemala se redujo el consumo y que la actividad económica del país está ya sintiendo los efectos de la crisis mundial. A ello hay que sumar que los importadores de automóviles están preocupados por la drástica caída de sus ventas y lo mismo expresan prácticamente todos los que se dedican al negocio de los bienes inmuebles, aspectos en los que se señala la disminución del crédito como factor esencial.
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El Impuesto al Valor Agregado tiene como hecho generador todo tipo de transacciones comerciales y por lo tanto la baja de 14% en su rendimiento debe leerse como una reducción de ese calibre en el comercio formal, lo cual es en realidad una merma muy considerable y que debe ponernos a pensar sobre las consecuencias de la crisis. Y es que se trata de una cadena de acontecimientos, empezando por el estancamiento (por ahora) en el ritmo de crecimiento que traían las remesas familiares enviadas por los migrantes que trabajan en Estados Unidos y que ahora sienten el impacto de la crisis y la reducción del empleo.
Pero también las instituciones financieras nacionales han perdido importantes líneas de crédito y trasladan a la realidad crediticia del país la merma, con una menor oferta de dinero para financiar actividades productivas. En Guatemala no tenemos indicadores estadísticos confiables y actualizados y mucha de la economía se desarrolla en la informalidad y por lo tanto no se le puede medir, pero el informe de la SAT respecto al Impuesto al Valor Agregado es una luz roja que se enciende en el tablero y que tienen que tomar en cuenta las autoridades porque es ya síntoma de cómo nos está afectando la crisis mundial, no obstante que nuestras autoridades monetarias se mostraron siempre con enorme optimismo al considerar que teníamos condiciones que nos permitirían pasar el chaparrón sin mayores consecuencias.
Tomando en cuenta el peso que en la economía nacional tiene no sólo el comercio con Estados Unidos, sino que más aún el flujo de las remesas, no hacía falta mucho estudio para entender que el coletazo sería más duro de lo que aceptaban nuestras autoridades y ahora empezamos a corroborar esas previsiones más objetivas que alertaban sobre la realidad y que demandaban del gobierno la adopción de medidas que contribuyeran a proteger a los más pobres que serán los primeros en sufrir las más graves consecuencias. Porque siempre ocurre igual y siempre son los mismos los que tienen que cargar con el mayor peso de la carga y de los sacrificios cuando llega el momento de apretar cinturones.
El Banco Mundial ha alertado sobre la situación de la pobreza en Guatemala y cómo esta crisis puede revertir los avances que hemos tenido, sobre todo por el flujo de remesas, enviando a muchas familias nuevamente a condición de pobreza. Junto a la seguridad ciudadana, el tema económico debe desvelar a nuestras autoridades.