En busca de los pirómanos


Bomberos controlan el fuego en el valle de Kiewa,  en Australia.  181 personas han fallecido.  FOTO LA HORA: AFP Torsten BLACKWOOD

Los bomberos seguí­an luchando hoy para salvar a las localidades amenazadas por los incendios que ya se cobraron 181 vidas en Australia y que se sospecha que en algunos casos fueron provocados.


Un ornamento de jardí­n es lo poco que quedó del incendio. FOTO LA HORA:  AFP Torsten BLACKWOOD

«Avanzamos carretera por carretera, casa por casa», declaró Christine Nixon, responsable del Estado de Victoria, el más golpeado por las llamas que desde el sábado arrasan la región en torno a Melbourne, segunda ciudad del paí­s.

John Brumby, primer ministro del Estado, consideró que es probable que los muertos superen los 200.

Una morgue temporal fue instalada en Melbourne para hacer frente un flujo de cadáveres sin precedentes.

Según el último balance policial, 181 personas murieron hasta ahora y varios cientos más resultaron heridos.

Unos 30 incendios forestales se declararon desde el sábado, atizados por los violentos vientos y alimentados por una sequí­a extrema y una ola de calor histórica.

Aldeas enteras fueron arrasadas y se multiplicaron los trágicos relatos de habitantes atrapados por las llamas en sus vehí­culos o sus casas.

En la devastada Kinglake, Ross Buchanan arriesgó su vida para salvar su hogar y después descubrió que su hijo McKenzie de 15 años y su hija Neeve, de 9, habí­an muerto cuando el fuego se extendió a otras partes de la localidad.

«He perdido a dos hijos, nada puede traerlos de vuelta», declaró a la cadena de televisión Sky News.

Annette Smit explicó que se habí­a escondido bajo una casa en Kinglake para escapar a la violencia de las llamas después de que su hogar fuese totalmente destruido.

«Sabí­a que la gente estaba muriendo a nuestro alrededor, lo sabí­a», explica.

«Lloví­a fuego, era como lava», declaró a la edición internet del Herald Sun.

«No tenemos palabras ante la idea de que algunos de estos incendios hayan podido ser encendidos a propósito», declaró ante el Parlamento el primer ministro australiano Kevin Rudd. «Es simplemente un asesinato en masa», agregó.

Se constituyó un equipo de unos cien investigadores para buscar a los pirómanos. La operación, bautizada «Fénix», es la más importante lanzada en Australia a raí­z de los incendios.

Un hombre de 31 años y un adolescente de 15, sospechosos de haber iniciado voluntariamante dos fuegos por separado fueron detenidos el lunes y encausados.

Ante la magnitud del desastre, el presidente estadounidense Barack Obama ofreció la ayuda de Estados Unidos al gobierno australiano. «El Presidente dijo que rezaba por el pueblo de Australia y presentó sus condolencias por las ví­ctimas», informó en un comunicado el portavoz de la Casa Blanca, Robert Gibbs.

En el terreno, las llamas amenazaban con extenderse más allá de los cortafuegos establecidos por miles de bomberos voluntarios ayudados por el ejército.

La localidad de Healesville, situada a 50 km al noreste de Melbourne, era la más amenazada el martes. Un poco más al este, en Gippsland, exhaustos bomberos y soldados intentaban controlar un muro de llamas que se extendí­a más de 100 km.

Los incendios ya devastaron unos 3.000 km2. Estos son los incendios más mortales de la historia de Australia y los peores desde el «miércoles de cenizas» de 1983 en que murieron 75 personas.