Temen avance de extrema derecha laica


Los partidos religiosos de Israel podrí­an perder en las elecciones su tradicional papel clave en la formación de gobierno en favor de la pujante extrema derecha laica.


Aunque registraron un ligero retroceso, se espera que después de estos comicios los partidos religiosos conserven un peso importante en la 18ª Knesset (parlamento unicameral) logrando unos 20 diputados, en comparación con más de 25 en el parlamento saliente y más de 30 hace diez años, según las encuestas.

Estos partidos se apoyan en un electorado estable y cuentan con una amplia red de instituciones escolares. Desde hace tres décadas son fieles aliados de la derecha, que contrariamente a la izquierda tiene «el mérito de preservar el carácter judí­o» del Estado.

Sin embargo, el malestar es perceptible tanto en el bando ultraortodoxo, liderado por Avigdor Lieberman, inicialmente opuesto al sionismo pero que terminó por adaptarse al mismo, como en el sector nacionalista religioso, debilitado por una nueva escisión.

Las condenas sin precedentes contra el partido de extrema derecha Israel Beiteinu lanzadas por la principal figura del sector ultraortodoxo, el rabino Ovadia Yossef, ponen en evidencia este enfrentamiento.

«Votar por ese partido es votar por el diablo», advirtió el jefe espiritual del partido sefardí­ Shass (12 diputados en el parlamento saliente).

El rabino Yossef, de 88 años, acusó a ese partido rival, originariamente formado por inmigrantes de lengua rusa, dirigido por el diputado Avigdor Lieberman, de favorecer la importación de cerdo y sobre todo, de «alentar a los judí­os a asimilarse».

Otros dirigentes del Shass manifestaron sus reservas ante los ataques de Israel Beiteinu a la minorí­a árabe de Israel, a la que exige que demuestre su «lealtad» para conservar su «ciudadaní­a».

Un dirigente de la organización ultraortodoxa asquenazí­ Judaí­smo de la Torá, el diputado Meir Porush, recordó que la «lealtad hacia el Estado» no era un precepto religioso y no podí­a reemplazar a «la lealtad hacia la Torá». También acusó a Lieberman de «no haberse liberado de las concepciones totalitarias caracterí­sticas de la ex URSS», de donde emigró a fines de los años 70.

Pero el Judaí­smo de la Torá está «minado por querellas internas y todaví­a no se recuperó de su fracaso en las elecciones municipales en Jerusalén», ganadas el 11 de noviembre por un laico, destacó un asesor para la comunicación de la comunidad ultraortodoxa, David Zilbershlag.

La situación de los sionistas religiosos tampoco es alentadora. Su principal diario, Hatzofeh, dejó de circular a fines de 2008 y su mayor organización, el Partido Nacional Religioso, se dividió en dos grupos.

Las dos organizaciones son partidarias de que continúe la colonización, pero la más moderada, el Hogar Judí­o (Habait Hayehudi) no apoya los actos más extremistas y ha dejado de enarbolar la consigna de un Gran Israel dentro de las fronteras bí­blicas.

La agrupación más radical es la Unión Nacional, que colocó en un lugar importante de su lista de candidatos a diputados a Baruj Marzel, un activista del movimiento Kash, de inspiración racista antiárabe. Según los sondeos, ambas listas podrí­an obtener entre tres a seis escaños, en comparación con los nueve que contaba en la anterior Kneset.