La respuesta al titular de esta columna es lo que nuestra gente ha querido saber desde hace rato y no seguirle dando vueltas a si Carlos Castresana, jefe de CICIG, se está entrometiendo en cosas que no le competen o si los señalamientos que se le hacen al ex fiscal ílvaro Matus debieron haber sido discutidos por la vía administrativa y no en la penal. Los chapines andamos hasta el copete de la impunidad que campea en Guatemala y es por ello que el abogado Castresana anda por nuestras tierras y no vino sólo para que disfrute de nuestro paisaje.
Quien escribe, se cuenta entre los que ha cuestionado reiteradamente la participación de la mentada Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) y también es de los que ha lamentado de su poca efectividad durante su estancia en nuestro país. Ahora, que por fin le vemos un aire con ventarrón, poniéndole los puntos sobre las íes al por qué a estas alturas no se ha podido esclarecer el asesinato de Víctor Rivera, es cuando se pega el grito al cielo y se le califica a Castresana de shute, entrometido y de andar haciendo las cosas inadecuadamente.
¿No es lo que he dicho siempre pues?, ¡vaya si no somos difíciles de gobernar! Chillamos por la corrupción e inoperancia de instituciones como la Policía Nacional Civil, el Ministerio Público, los tribunales de justicia y hasta por el pésimo sistema carcelario del país, pero cuando aparece alguien que se propone ponerle coto al desmadre en que seguimos viviendo, le decimos de todo y hasta no sería nada raro que hasta hubiera alguien que propusiera declarar a Castresana de indeseable. Disculpen pero si seguimos así no vamos ir a parar a ninguna parte.
Castresana no necesita quien lo defienda y lo que pienso y escribo no lleva la más mínima intención de hacerlo. ¿Por qué digo esto entonces?, porque está visto que los señores magistrados de la Corte Suprema hacen muy poco por mejorar nuestro sistema judicial, ¿si no han sido capaces de elegir a su presidente, cómo le vamos a pedir que se pongan las pilas para poner a funcionar tribunales específicos para resolver procesos sobre narcotráfico o del crimen organizado? De ahí que aunque me da vergí¼enza que venga alguien de afuera a decirnos las verdades, aplaudo el esfuerzo de Castresana para impedir al narcotráfico, la delincuencia y la violencia que siga sentando sus reales en nuestro país. ¿O qué se quiere, vivir como hasta la fecha, en que los que honradamente trabajamos no podamos hacerlo sin el temor de caer abatidos a balazos, secuestrados o pencazeados por quienes cometen atrocidades jamás vistas en nuestro país, con el fin de lograr dinero pronto y fácil? Disculpen, pero yo prefiero lo primero. ¿Y usted qué opina estimado lector, anda feliz y contento gozando de la tan ansiada seguridad ciudadana?