Bicentenario de Charles Darwin


Charles Darwin (1809-1882), padre de la teorí­a de la evolución.  FOTO LA HORA: AFP PHOTO

Charles Darwin, nacido hace 200 años, puso al hombre en su lugar al incluirlo en la larga historia de la evolución de las especies, desmintiendo la creencia de una creación divina y fundando la biologí­a moderna, antes de ser recuperado con fines racistas o eugenistas.


Un actor encarna a Charles Darwin y posa frente a la Abadí­a de Westminster Abbey, en Londres.FOTO LA HORA: AFP Carl de Souza.

El cientí­fico inglés, al igual que otros naturalistas que lo precedieron, encontró en los animales muchas caracterí­sticas comunes y trató de explicar el origen de las mismas. Quiso comprender, por ejemplo, por qué todos los que tienen pico tienen también plumas, o por qué todos los que tienen miembros tienen también vértebras.

Basándose en la geologí­a, demostró que las especies evolucionaron a través de la selección natural, que favorece algunos rasgos (tamaño, color, forma…) o comportamientos de los organismos vivos en un medio ambiente dado.

«Hay muchas variaciones en la especie. Los que son momentáneamente aventajados por las condiciones de su entorno dejan más descendientes», explica Guillaume Lecointre, profesor del Museo Nacional francés de Historia Natural.

Esta ley explica la larga historia de la vida en la Tierra, desde la aparición de organismos unicelulares hasta los mamí­feros y el hombre.

Revelada en 1859 en «El origen de las especies», la teorí­a de Darwin causó escándalo entre quienes creí­an en la creación divina de especies inmutables.

Hoy, la mayorí­a de los cristianos aceptan (exceptuando los llamados creacionistas) el principio cientí­fico de la evolución, pero el papel desempeñado por el azar en la aparición de las variaciones o de nuevas especies sigue siendo para muchos un escollo.

Por lo demás, el pensamiento de Darwin fue rápidamente utilizado por algunos de sus contemporáneos para justificar -con el lema de «la supervivencia del más apto»- el dominio de la raza blanca o de los paí­ses occidentales.

Y ello pese a que Darwin escribió en el quinto capí­tulo de «El origen de las especies»: «Las especies que sobreviven no son las más fuertes ni las más inteligentes, sino aquéllas que se adaptan mejor al cambio».

En «La descendencia del hombre», publicado doce años después, Darwin extiende su teorí­a al hombre, que «con todas sus capacidades sublimes, sigue llevando en su construcción corporal la huella indeleble de su bajo origen».

Darwin demuestra en esa obra que la selección natural «ha favorecido en la evolución humana el desarrollo de instintos sociales y el aumento correlativo de las facultades racionales», señala Patrick Tort, autor de un Diccionario del Darwinismo.

Opuesto a la esclavitud, Darwin usaba la palabra raza sólo para designar una forma entre otras de variabilidad dentro de la especie humana.

Desde hace 150 años, el pensamiento darwiniano ha sido completado gracias a los aportes de la genética, descripta por vez primera por Gregor Mendel en 1866, pero que Darwin no tuvo nunca en cuenta.

La biologí­a evolutiva, eclipsada en los años 1950 por el descubrimiento del ADN y de los procesos fí­sico-quí­micos en las moléculas, registra un nuevo auge desde hace dos décadas.

En el hombre, mostró los problemas de adaptación ligados a cambios demasiado rápidos. Por ejemplo, el brutal aumento del consumo de azúcar ha provocado una vertiginosa subida de los casos de obesidad, de miopí­a y de acné.

CRONOLOGíA Vida y obra


E1809: Nace Charles Robert Darwin en una familia rural adinerada de la ciudad de Shrewsbury, oeste de Inglaterra.

1825-27: Desesperado por los malos resultados de su hijo en el colegio, el padre de Darwin le manda a la Universidad de Edinburgo para estudiar medicina. Darwin abandona tras dos años, espantado al tener que disecar un cadáver humano.

1927-31: Estudia teologí­a en el Christ»s College, Cambridge, para ser pastor. Aprueba por la mí­nima.

1831-36: Darwin se embarca como naturalista a bordo del buque de investigación «Beagle» con el que da la vuelta al mundo en 52 meses. Toma numerosos apuntes de zoologí­a y geologí­a, escribe un diario de 770 páginas y regresa a Europa con unos 5.400 especí­menes, así­ como tortugas vivas de las islas Galápagos.

1838: Elabora la noción de selección natural, según la cual los individuos que heredan las caracterí­sticas más adecuadas al entorno son las más aptas para sobrevivir.

1839: Contrae matrimonio con su prima Emma Wedgwood. Dará a luz a 10 niños, aunque sólo siete llegarán a la adultez.

1840: Publica «Viaje de un naturalista alrededor del mundo» («Zoology of the Voyage of the Beagle».

1842: Desarrolla la teorí­a de la evolución, que plasma en un ensayo secreto que entrega a su mujer. El documento no se publica mientras Darwin sigue trabajando en la elaboración de sus ideas.

1858: Darwin recibe una carta de un joven naturalista, Alfred Russel Wallace, quien trabajando en Indonesia llegó por separado a una teorí­a similar a la suya sobre la evolución por selección natural. La Sociedad Linnaen de Londres publica ambos trabajos al mismo tiempo.

1859: Publica «El origen de las especies» («On the origin of species»), que expone la teorí­a de la evolución por selección natural. El libro provoca una enorme controversia.

1860: Famoso debate en la Universidad de Oxford entre los partidarios y los detractores de la teorí­a de Darwin. Ambas partes se consideran vencedoras.

1871: Publica «La ascendencia del hombre» («Descent of man») en la que aplica la teorí­a de la evolución al ser humano. Darwin argumenta que los hombres y los simios descienden de un antepasado común, un argumento recibido con desdén y sátira.

1872-81: Publica trabajos adicionales sobre la expresión de las emociones en el hombre y los animales, la reproducción de las plantas y la acción de los gusanos, basados en la investigación llevada a cabo en el jardí­n de Down House, en Kent, sudeste de Inglaterra.

1882: Darwin muere a consecuencia de unos ataques prolongados de una enfermedad misteriosa. Es enterrado en la Abadí­a de Westminster en Londres, junto a Isaac Newton, Michael Faraday y otros grandes cientí­ficos.

POSTULADOS Historias de evolución


Charles Darwin fue un apasionado observador de los animales, hasta el punto de que tocaba el piano para gusanos a fin de evaluar su capacidad auditiva y, desde el «pinzón de Darwin» hasta el elefante, pasando por la jirafa, los animales tienen un lugar emblemático en sus escritos.

Los pinzones de las Galápagos:

Durante su viaje alrededor del mundo (1831-1836) a bordo del «HMS Beagle», Darwin quedó maravillado por la diversidad de las especies de las Galápagos (Ecuador), sorprendente para unas islas tan pequeñas y tan alejadas del continente.

Los pinzones, de picos diferentes según su régimen alimentario, dibujados y clasificados por el ornitólogo John Gould, se convirtieron en sí­mbolos de la evolución.

«Podrí­amos figurarnos realmente que, a causa de una pobreza original de pájaros de este archipiélago, una sola especie ha sido modificada para alcanzar objetivos diferentes», escribió Darwin en 1845.

La jirafa:

La jirafa simboliza la ruptura entre el francés Jean-Baptiste Lamarck, naturalista de renombre del siglo XIX, y la revolución darwiniana.

Para los lamarckistas, generaciones de jirafas estiraron el cuello para alcanzar las hojas de los árboles y poder alimentarse. Esta «adaptación», transmitida a sus descendientes, desemboca finalmente en la jirafa actual.

Para los darwinianos, las jirafas nacen, al azar de las variaciones entre individuos, dotadas de cuellos largos o cortos. Las que tienen el cuello más largo están mejor adaptadas a su medio ambiente y se reproducen con más éxito: tal es la selección natural.

Los elefantes:

Darwin calcula que una sola pareja de elefantes puede producir teóricamente en 500 años unos 15 millones de descendientes. Pero la estabilidad de los efectivos demuestra que, en realidad, algunos individuos desaparecen en la competición por los recursos, mientras otros sobreviven. La idea, inspirada en las teorí­as del economista Thomas Malthus, contribuye a explicar la selección natural.

El hombre desciende del mono:

La frase no es de Darwin. Apareció en el marco de los encendidos debates provocados por la publicación de «El origen de las especies».

«Me gustarí­a saber si usted desciende del mono por parte de padre o de madre», dijo el obispo de Oxford Samuel Wilberforce al increpar al joven biólogo Thomas Henry Huxley, amigo de Darwin.

Cuando explicó que todas las especies, incluyendo el hombre, descienden de uno o varios antepasados comunes, Darwin trastocó la visión cristiana de la creación divina de las especies, inmutables e independientes unas de otras.

«En una serie de formas que pasan, por grados imperceptibles, de una criatura simiesca al hombre tal cual existe hoy, nos serí­a imposible fijar el punto preciso a partir del cual deberí­a utilizarse la palabra «hombre»» («La descendencia del hombre»).