Son muchas las cosas que uno debería enseñar a los hijos y que, sin embargo, se pueden pasar por alto. Por experiencia propia sabemos que contenidos elementales de conocimientos no se nos enseñaron en la escuela, pero tampoco nuestros padres llenaron ese vacío. El resultado está a la vista y se nota en el descalabro existencial que padecemos algunos adultos incompletos. A continuación algunas de esas carencias a satisfacer que no deberían obviarse.
En primer lugar, los padres de familia no deben renunciar a la enseñanza de los principios morales elementales. Ahora me refiero a esa vieja tabla de valores que creo aún vigente: la justicia, la honestidad, la solidaridad, la bondad, la responsabilidad, el trabajo, etc. Un niño formado en tales valores ofrece una estructura mental cuyo resultado contribuye a la felicidad plena. Usted me dirá que eso lo enseña la escuela, pero, aunque fuera cierto (lo dudo sinceramente), en todo caso, la formación del hogar al hijo es fundamental y no sólo cuando se realiza por el ejemplo, sino también por la palabra que educa.Â
Los padres de familia deberían educar también en el uso del dinero. ¿Cuántos de nosotros no somos unos tarados en el uso de las finanzas? Es una lástima que nunca se nos haya hablado del valor del ahorro, de la importancia de las inversiones y que incluso no se nos haya dado el ejemplo respecto al uso de la tarjeta de crédito. Somos herederos, desafortunadamente, de una tradición que maldice el lucro (a mí se me enseñó, por ejemplo, que el dinero es el estiércol del diablo) y que aparentemente alaba la pobreza como si fuera deseable. Un papá o una mamá deberían sentarse con los niños desde muy tierna edad para hablarles de la importancia que tiene en la vida el uso adecuado y responsable del dinero.
La educación del corazón es importante, pero también los padres de familia ya sea por ignorancia o por pereza se abstienen de realizarla. Los progenitores deben poner atención al manejo de las emociones en los niños y ponerse alerta a los berrinches, los caprichos y las exigencias insensatas. Eso exige mucho diálogo y, por supuesto, la inversión de tiempo con los «pimpollos». Un papá mudo y ausente tiene pocas probabilidades de éxito en esta área. Cuando se entere tendrá un monstruo en casa que, como dice las Escrituras, como león rugiente buscará a quién devorar.
Finalmente, una herencia interesante en los hijos es educar al amor a los estudios. Los niños deben aprender a aprender, a vivir fascinados por el conocimiento. Esto requiere por parte de los papás una actitud especial hacia la ciencia. Se debe invertir en libros, conferencias, cursos y también en tiempo propio para leer con ellos y explicar y compartir conocimientos. Un padre de familia que no sólo no lee ni el periódico, no visita librerías y, por el contrario siente sólo pasión por la televisión, conduce a su hijo hacia la estupidez vital. Infaliblemente prepara a su «cachorro» hacia la imbecilidad y el fracaso.
Como lo que queremos es el éxito y la felicidad de nuestros hijos, debemos cambiar de actitud y comenzar a estar cerca de ellos. No olvidemos que no podemos darnos el lujo de tener éxito en nuestras profesiones a costa del fracaso en el hogar. Pongamos cada cosa en su sitio.