La recesión económica mundial ha revelado las múltiples falencias de las recetas neoliberales aplicadas en los últimos 30 años. En el caso concreto de la conflictividad agraria en Guatemala y de otros países del continente el Banco Mundial en los años 90, propuso como solución la Reforma Agraria Asistida por el Mercado.
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La injusta distribución de la tierra en el país, caracterizada por una alta concentración de superficie cultivada y ociosa en pocas manos, está descrita en los censos nacionales agropecuarios y no varió de manera contundente desde la medición hecha en 1950 hasta la realizada hace apenas un lustro. Por el contrario, los procesos de expansión de monocultivos como la caña de azúcar y la palma africana presuponen una concentración de la tierra aún mayor con los agravantes del deterioro ambiental, pérdida de la biodiversidad, explotación laboral, reducción de área para el cultivo de alimentos y desplazamiento forzado de poblaciones.
Guatemala representó para el Banco Mundial un escenario adecuado para experimentar su reforma agraria asistida por el mercado. Guatemala fue un experimento neoliberal en el tema agrario, y el modelo falló rotundamente. El mecanismo central de esta pretendida reforma, fue la compra y venta de tierra bajo dos supuestos: a) los mercados funcionan y asignan los recursos de la manera más eficiente; y b) era políticamente viable luego de la firma de los acuerdos de paz, ya que se basaría en una transferencia voluntaria de tierras.
El instrumento institucional creado para llevar adelante el experimento neoliberal fue el Fondo de Tierras, en 1997. Tuvo principalmente dos funciones al inicio de su gestión: la regularización de tierras y el otorgamiento de créditos para la compra de tierras. En los últimos años fortaleció su programa de arrendamiento de tierras en detrimento de los créditos para la compra.
El mercado de tierras en Guatemala fue un escenario totalmente distorsionado: una demanda altísima frente a una oferta de tierras más bien raquítica. Raquítica no sólo porque fue limitada sino porque las tierras en venta eran el residuo de 150 años de explotación cafetalera y ofrecidos al mercado por la crisis sostenida de los precios internacionales del café desde finales de los años 80. Eran tierras no aptas para el establecimiento de poblaciones y sin condiciones para la producción. Según el mismo Banco Mundial en 2005, 9 de cada 10 fincas que se habían entregado estaban abandonadas o hipotecadas al momento de las negociaciones.
Por otro lado, la regularización de tierra significó más bien un mecanismo para reconcentrar la tenencia de la tierra: cientos de campesinos de la Franja Transversal del Norte, El Petén y otras regiones, al momento de regularizar, se encontraron con la posibilidad de enajenar su propiedad frente a una realidad de pobreza y poco apoyo para la producción. Si soy pobre, sin la posibilidad de producir, me ofrecen una cantidad de dinero que en la vida he tenido en las manos, y en ocasiones me amenazan si no vendo, pues el resultado es que vendo y busco nueva tierra o migro a la ciudad o a Estados Unidos. Y los que siempre han tenido tierra, ahora tienen más.
La reforma agraria asistida por el mercado buscó generar condiciones de gobernabilidad en el tema agrario. Lo que ha hecho es crear un caldo de cultivo para actuales y posteriores conflictos. Este experimento fallido demostró la necesidad de encarar el tema de la concentración de la tierra de manera frontal con soluciones de largo plazo. Una verdadera Reforma Agraria Integral es más que necesaria.