El gobierno de Sri Lanka ofreció hoy amnistiar a los guerrilleros separatistas tamiles que depongan las armas y se rindan pero mantenía su ofensiva, consiguiendo una victoria más con la toma el jueves de la última base naval conocida en poder de los rebeldes.
El primer ministro, Ratnasiri Wickremanayake, indicó al parlamento que algunos rebeldes estaban dispuestos a dejar las armas dado que se enfrentan a una inminente derrota de su lucha de más de tres décadas por un Estado tamil independiente.
«Es una decisión sabia, y estamos dispuestos a darles la bienvenida», dijo Wickremanayake.
El gobierno, sin embargo, dejó claro que rechazaba los llamamientos de la comunidad internacional, preocupada por la muerte de civiles, de entablar negociaciones para acabar con los combates.
El ejército indicó el jueves haber tomado control de la base naval de Chali, la última conocida en poder de la insurgencia, en el noreste de la isla.
Los militares indicaron que al menos cuatro responsables y ocho mandos medios de los tamiles murieron en el ataque.
El ministro de Defensa dijo el jueves, que otros 700 civiles habían huido de las zonas controladas por los rebeldes, donde indicó que los insurgentes retenían a unos 120.000 habitantes retenidos para utilizarlos como «escudos humanos».
Al menos 52 civiles murieron en un bombardeo esta semana, según la ONU -que indicó no saber quién era responsable del ataque-. La organización declaró que se habían utilizado bombas de racimo en el ataque.
El gobierno negó el uso de bombas de racimo, que liberan una cantidad de explosivos más pequeños sobre una zona más amplia antes de explotar, pero indicó que se sabía que los insurgentes poseían algunas.
No hubo reacción inmediata por parte del Ejército de Liberación de los Tigres del Eelam Tamil (LTTE).
Suiza se sumó el jueves a los llamamientos de paz, al pedir «a todas las partes» que respetaran «el derecho humanitario y pongan fin a las hostilidades».
«Nada que no sea una rendición incondicional de las armas acabará con la ofensiva», indicó el jueves el secretario de Defensa, Gotabhaya Rajapakse, en declaraciones a la prensa.
Rajapakse, el hermano pequeño del presidente Mahinda Rajapakse, dijo que el comunicado del martes del cuarteto de donantes -Estados Unidos, la Unión Europea, Japón y Noruega- era una «tentativa transparente de salvar a los tigres».
El cuarteto pidió a los rebeldes que abandonaran las armas y que se implicaran en un diálogo político para acabar con la guerra civil que desde su inicio en 1972 se ha cobrado la vida de más de 70.000 personas y evitar así la muerte de más civiles.
También indicó que los militares habían rodeado a los rebeldes en el noreste de la isla y que los Tigres tamiles estaban al borde del colapso tras haber perdido más del 98% del territorio que controlaba hace un año.
El secretario de defensa subrayó que los rebeldes no podrán tener ningún papel político en el futuro.
«La comunidad internacional no debe esperar que el gobierno de Sri Lanka autorice la participación del LTTE como un partido político en un nuevo proceso de negociación, después de que las fuerzas armadas hayan destruido sus medios para seguir luchando», dijo.
Sugirió que los rebeldes menos importantes podrían ser «rehabilitados» pero que los altos rangos, incluido el líder Veluppillai Prabhakaran, serían «juzgados y ahorcados».
La comunidad internacional pidió que no se derramase más sangre, y miles de tamiles y de simpatizantes se manifestaron en Chennai (India), Singapur, París, Ginebra y Berlín.
El papa Benedicto XVI se sumó a los llamamientos al cese de la ofensiva militar, por el bien del «creciente número de víctimas inocentes».