El consumo de drogas químicas y farmacéuticas se incrementa en el país, aseguran expertos.
El tránsito de drogas hacia Estados Unidos deja en su paso por Centroamérica una estela de criminalidad y violencia, adicción y desintegración social.
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Asimismo, modifica los patrones de consumo de los narcoadictos, de acuerdo a la oferta y la demanda en el mercado de ilícitos.
De esa cuenta, el consumo de drogas está cambiando en Guatemala y cada año crece la oferta de drogas químicas y farmacéuticas, dice el doctor Edmundo Guerrero, director del Centro de Tratamiento Ambulatorio de la Comisión Contra las Adicciones y Tráfico Ilícito de Drogas (SECCATID).
«El consumo de drogas fabricadas en laboratorios clandestinos y empresas farmacéuticas no autorizadas son cada vez más comunes en la población joven», señala Guerrero, quien desde hace diez años trabaja para ofrecer tratamiento psicológico a drogodependientes.
De acuerdo con el galeno, tanto las drogas socialmente aceptadas como el tabaco y alcohol, y las de fabricación en laboratorios farmacéuticos clandestinos como las anfetaminas causan severos daños a la salud, sin embargo, éstas últimas representan más riesgos para los consumidores jóvenes, en tanto que las repercusiones son más intensas y duraderas.
«Es muy difícil tratar las adicciones, pero los casos se complican cuando el consumo de drogas genera pérdidas económicas significativas, como sucede con los adictos a las anfetaminas y drogas químicas, donde se observa una disolución de los débiles lazos familiares de los pacientes», agrega Guerrero.
SIN CIFRAS
El consumo de drogas no puede ser cuantificado, debido a que en su carácter ilícito, las autoridades policiales únicamente cuentan con el registro de las incautaciones que resultan de jornadas de allanamientos en zonas de narcomenudeo y las aprehensiones en puerto y aeropuertos.
En consecuencia, los indicadores de consumo se mantienen en un subregistro de cada institución de salubridad pública y privada que atiende a pacientes con adicción de drogas.
Del total de casos que Guerrero trató el último año, la mayoría de los pacientes demostró dependencia de drogas de origen natural como marihuana y amapola, sin embargo el médico asegura que el consumo de crack y cocaína es mayor cada año.
Para Nidia Aguilar, defensora de la Niñez y Adolescencia de la Procuraduría de Derechos Humanos, la exposición de los menores a las drogas es un problema creciente, pese a los esfuerzos que se realizan para prevenir el consumo.
«El Estado debe realizar esfuerzos multilaterales para atacar el problema de las adicciones desde diversos puntos, que van desde la prevención hasta el tratamiento clínico de los narcoadictos», sostiene la procuradora.
Aguilar considera que mientras se incremente el tránsito de drogas por la región también se incrementará la demanda en los países centroamericanos, por lo que considera la prevención como una política de primer orden.
La procuradora y Guerrero coinciden en que el crecimiento sostenido en el consumo de drogas químicas y farmacéuticas supondría un problema mayor para las autoridades en los próximos años, en tanto no se realicen esfuerzos para informar a la población -especialmente a niños y jóvenes- sobre las consecuencias de las adicciones para las familias y la sociedad.
Nidia Aguilar,
Procuraduría de Derechos Humanos
Edmundo Guerrero,
Seccatid