¿Cuál gente?


El Presidente, sus funcionarios y otras instancias del paí­s parecen vivir en otro lugar. Un lugar también hermoso, pero seguro, en donde las escuelas son más que los bares, en donde las mujeres no se mueren al dar a luz, en donde la infancia juega, canta y sueña.

Claudia Navas Dangel
cnavasdangel@yahoo.es

Como me gustarí­a que así­ fuera, pero lamentablemente la realidad supera a su ilusión. Lo de las escuelas, la «educación gratuita» y caminito de la escuela…. Ya todos sabemos cómo es, cómo va. Que han hecho cosas; no puede negarse, pero no lo suficiente, no en todos lados. Ya quisiera yo que algunas escuelas, no digo aulas, de lugares remotos del paí­s fueran del tamaño del despacho de la Ministra de Educación o del Vicepresidente. Pero la realidad es otra: niños y niñas hacinados en pequeños espacios en donde el primero, segundo y hasta más grados de primaria comparten además del espacio a la maestra.

 

La reducción de la mortalidad, tengo mis dudas, porque de ser ciertas las estimaciones del Gobierno, en tres años aproximadamente deberí­an de haber terminado los riesgos de morir así­, y eso no ocurre en otros lugares en donde hay un mejor trabajo en el área de salud. Habrá que esperar, yo como Santo Tomás?.

 

Y luego, la seguridad. Vaya tema. Que han disminuido las muertes en comparación con otros años, por favor, a quién pretenden engañar. Tan sólo en los medios escritos del paí­s solo en el mes de enero aparecen 58 personas menores de edad muertas de forma violenta, 37 a causa de impactos de bala.  Y es claro que si los medios de comunicación dan cuenta de esa cifra, la misma debe ser mayor, en muchas de las notas se señala que quedaron otras personas heridas que quién sabe si han sobrevivido. Y qué pasa con los que no llegan a aparecer en los medios?

 

Es más, hay casos en los que las ví­ctimas fueron violadas, torturadas y un caso particular de dos jóvenes acribillados en la aldea Santa Clara La Reforma, San Marcos, por un comando armado clandestino. Ver estas noticias es como retroceder en el tiempo y experimentar esa angustia de poder morir en cualquier momento.

 

Ni qué decir de las balas perdidas, niños jugando en el patio de su casa como la ronda, pero que por no agacharse perdieron la vida por un proyectil.

 

Y así­ dicen que todo ha mejorado, que primero la gente, que vamos bien y que quienes cuestionamos un trabajo a todas luces mal hecho, somos rastreros y miserables.

 

Me molesta que no se respete a la infancia, que no se cumplan las leyes, me molesta la hipocresí­a, la mentira, la falta de seriedad y de otras cosas.

 

Me irrita, además, que haya quienes secunden esta afirmaciones tan erradas, por conveniencia, por ignorancia o porque sencillamente son poco profesionales y faltos de luces.