El planeta en peligro, nueva atracción para el turismo mundial


Glaciar Grey en la localidad de T. del Paine en Chile, es uno de los atractivos turí­sticos ya que por el calentamiento global puede sufrir cambios.  FOTO LA HORA: archivo

Osos polares y glaciares amenazados por el cambio climático, bosques tropicales devastados por la mano del hombre: el turismo etiquetado como «planeta en peligro» tiene un gran éxito, afirman los profesionales del sector.


Cada vez más «la gente visita lugares porque están convencidos que esos sitios cambiarán y quieren verlos antes», explica Ken Shapiro, redactor jefe de la revista profesional norteamericana TravelAge West.

Según Shapiro, este «turismo de catástrofes» ecológicas, un fenómeno aparecido hace aproximadamente dos años, se está convirtiendo en un «filón importante» en el sector.

Los clientes occidentales preocupados por el medio ambiente eligen cada vez más viajes que les permitirán ver los glaciares de la Antártida, las nieves del Kilimanjaro o la gran barrera de corales australianos, todos amenazados por el fenómeno del cambio climático.

Las estancias africanas llamadas «vida salvaje» tienen un éxito creciente, explica Ross Kennedy, presidenta del tour operador Africa Albida Tourism que organiza safaris en Zimbabwe, con estancias en bungalós, distribuidos por la sabana para dormir más cerca de la naturaleza y las fieras.

«Los cambios medioambientales» tienen un impacto cada vez más evidente en la elección de los destinos, explica Kennedy, presente en Madrid con ocasión de la Feria Internacional del Turismo (FITUR).

«La gente dice: «Hay que ver esto antes que desaparezca», asegura.

Su empresa, que gestiona los bungalós cerca de las cataratas Victoria, en el rí­o Zambeze, registró un alza de 4% del número de visitantes en 2008, a pesar de la inestabilidad polí­tica de Zimbabwe y el número de visitantes norteamericanos prácticamente se triplicó en cuatro años.

En la otra punta del planeta, los cruceros a la Antártida y los glaciares se están convirtiendo en lo máximo del género. Un total de 46 mil visitantes fueron censados la temporada pasada, dos más que hace cinco años, indicó la Asociación de touroperadores de la Antártida.

«La Antártida fascina por su inmensidad, su aislamiento, su pureza y su fauna rica en pingí¼inos, focas y ballenas», afirmó Juan Kratzmaier, un argentino de 38 años, residente en Barcelona, que acompañó a turistas en más de 30 estadí­as en el continente blanco.

En las antí­podas, pero siempre en el mapa mundial de un turismo medioambiental glaciar está la pequeña localidad de Churchill, 923 habitantes, perdido en el fondo de la bahí­a de Hudson en el norte canadiense, es otro valor seguro, a pesar de la ausencia total de rutas para enlazar ese pueblo con el resto del paí­s.

Bautizado «capital mundial de los osos polares», la aldea atrae una nube de visitantes que pueden ver, desde buses perfectamente equipados, a los plantí­grados «amenazados» de extinción.

Sólo accesible por avión y por tren, «los osos polares son la única razón por la que Churchill tiene su lugar en el mundo del turismo», concluyó Shapiro.