La ofensiva lanzada por militares ruandeses contra rebeldes hutus en el este de la República Democrática de Congo (RDC, ex Zaire) cuenta con el acuerdo de este país, donde sin embargo algunos temen que Ruanda aproveche para ocupar su territorio, como ya hizo en 1996 y 1998.
Prevista inicialmente para durar dos semanas, la ofensiva conjunta que los ejércitos de la RDC y de Ruanda lanzaron el 20 de enero contra los rebeldes hutu ruandeses podría prolongarse hasta finales de febrero pero no más, advirtió el sábado el presidente congoleño Joseph Kabila.
Tras las invasiones de 1996 y 1998, «Ruanda tiene mucho que perder en una nueva ocupación de Congo», considera un periodista ruandés. «Ya no puede permitirse aparacer como un factor de desestabilización» en la región, agrega.
Muy dependiente de la ayuda internacional, el gobierno ruandés se encuentra bajo la presión de sus principales financiadores y aliados tradicionales, Gran Bretaña y Estados Unidos.
Ocupando ilegalmente la RDC provocaría el corte de esas fuentes de financiación vitales, según varios diplomáticos.
Por el contrario, si respeta al pie de la letra su acuerdo con Kinshasa, Ruanda acallaría a sus detractores y restauraría su imagen internacional, mermada por su apoyo al jefe rebelde congoleño Laurent Nkunda.
Desde hace varios años, Ruanda lleva a cabo una intensa campaña diplomática para incrementar su influencia en el seno de Naciones Unidas y de las grandes instituciones internacionales.
«Â¿Por qué poner todo en peligro cuando esta política, iniciada con la participación de tropas ruandesas en la fuerza de paz en Darfur (ndlr: provincia sudanesa), empieza por fin a dar sus frutos?», se interroga una fuente de la ONU.
El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, anunció la semana pasada su intención de nombrar a un ruandés, Joseph Mutaboba, como su enviado especial en Guinea Bissau.
En el terreno militar, la ofensiva permitirá debilitar por el momento a los rebeldes hutus ruandeses de las Fuerzas Democráticas de Liberación de Ruanda, refugiados en el este de la RDC desde el genocidio de Ruanda en 1994.
Pero en dos meses no serán aniquilados, lo que significa que seguirá existiendo el pretexto de una nueva internvención ruandesa en el este de la RDC, explican los expertos.
En el plano político, la operación permitió detener el 22 de enero a Nkunda, que se ha convertido en un elemento molesto para el gobierno de Kigali, después de que un reciente informe de la ONU confirmase la relación entre ambos.
La actual operación militar tiene otra ventaja más para Ruanda, la de debilitar, al menos de momento, al presidente Kabila, muy criticado incluso en su propio campo por haber dado su acuerdo a un retorno de los ruandses a la RDC, señala un diplomático occidental.
Al mismo tiempo, su presencia en el este de la RDC permite a Ruanda propiciar la formación de una alianza entre hutus y tutsis congoleños, poniendo a sus aliados en posición de fuerza frente a otras comunidades de la región.