Amplios sectores de mujeres guatemaltecas intervienen hoy en forma responsable y activa en las diferentes actividades de la sociedad y asumen el desarrollo de sus capacidades, asegurando su integración al desarrollo económico, político y social de Guatemala. Es una realidad presente que coadyuvó a formar una mujer inmersa en la modernidad como lo fue Olga Herminia Jiménez Muñoz (1939-2008), quien lamentablemente falleció en la ciudad de México el 26 de octubre del año pasado.
El diminutivo, propio del lenguaje guatemalteco, permitió a paisanos y paisanas conocerla como Olguita: una mujer comprometida con la lucha revolucionaria -donde también fue conocida como Jimena y Andrea-, en especial como miembro del Comité Central del Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT), del cual ella decidió retirarse por razones ideológicas y otras no compatibles con sus valores morales. Debe destacarse que con su carácter fuerte, siempre estuvo dispuesta a impulsar los principios de solidaridad. Sus estudios y disposición de lucha permitieron que fuera de las pocas mujeres electas para integrar la Comisión Política del PGT.
La Constitución guatemalteca establece qué hombres y mujeres son iguales ante la ley; sin embargo, es necesario garantizarles en la práctica a las mujeres un trato equitativo con relación a oportunidades de participación y crear una nueva conciencia en la sociedad civil para combatir la exclusión social. Este fue un factor básico de acción sociopolítica de Olguita en Guatemala y México. En su país, desarrollando actividades en el movimiento sindical y popular. Su participación universitaria -al iniciar sus estudios de ingeniería- permitió que se desarrollara como líder del Frente Universitario Democrático (FUD) y, posteriormente, el 9 de marzo de 1980, fue la principal fundadora de la Unión Nacional de Mujeres de Guatemala (UNAM-G), la cual se propuso ser «una organización amplia de mujeres democrática en la que participan obreras, campesinas, profesionales, pobladoras, amas de casa, que se han organizado para alcanzar la plena igualdad de la mujer como madre, trabajadora y ciudadana, para velar por los derechos de la infancia y luchar por la paz mundial». La UNAM-G estuvo afiliada a la Federación Democrática Internacional.
Como oradora, Olguita ganó el concurso extraordinario de oratoria con el tema de luchas populares en América Latina, convocado por la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU). Este factor fue un factor importante para que, desde la Concha Acústica en el Parque Central de Guatemala, tuviera diversas intervenciones, hasta que las bombas lacrimógenas y disparos de la policía dispersaban a los manifestantes.
«Después de aquellas hazañas y otras similares, Olga, entonces estudiante de los primeros años de ingeniería -señala su esposo, el escritor invidente guatemalteco Mario René Matute-, consigue una beca para estudios de ingeniería en el Instituto Energético de Moscú -por un error en su boleto viaja varios meses a Cuba- a donde decide marcharse en busca de una preparación que le permitiera retornar a Guatemala equipada con los conocimientos suficientes para poner en marcha, en la práctica, uno de los sueños más acariciados: ir consiguiendo para el pueblo guatemalteco comodidad, información, comunicación y todo aquello que los logros de la tecnología eléctrica permiten y desarrollan en la actualidad, en muchas otras sociedades subdesarrolladas en el mundo». En Moscú, el intenso frío le causa problemas de salud y desde el hospital, aprende a hablar el idioma ruso. Años después obtiene el diploma de traductora ruso-español. Se gradúa con notas de excelencia especializándose en plantas hidroeléctricas.
Al regresar a Guatemala, recobra su grado académico y se incorpora a la Escuela de Ingeniería Eléctrica de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de San Carlos, donde se desarrolla como docente al recobrar su grado académico. También ocupó el cargo de Directora. Sus alumnos, afirma Mario René- recuerdan la capacidad informativa de sus cursos así como su actitud amable y solidaria para con ellos al facilitarles libros y documentos especializados para sus estudios. Tampoco se olvidan las excursiones educativas que tuvieron lugar en El Salvador y el estado de Chiapas en México para visitar distintas planas hidroeléctricas y otras instalaciones».
En México, Olguita vivió en diversas ocasiones como lo hizo en Costa Rica. No podía regresar a su país. Fue un exilio de acción y no de nostalgia. Radicó en tierra mexicana desde de 1984. En los campamentos de refugiados, especialmente de Chiapas, logró desarrollarse como asesora educativa de matemáticas en educación primaria. Por ese trabajo, junto a otras mujeres guatemaltecas, un amplio grupo de jóvenes mayas lograron su diploma escolar y, en la actualidad, trabajan como educadores.
Olguita fue una mujer de nuestro tiempo: rompió posiciones conservadoras y defendió -muchos años desde la clandestinidad- los derechos laborales de las trabajadoras, realizó acciones en contra de la discriminación contra la mujer, y luchó por el desarrollo, la igualdad, justicia y paz.