Si Evo Morales hubiera perdido


En Bolivia se convocó a una consulta popular para reformar la Constitución Polí­tica de la República y el resultado electoral fue de una gran mayorí­a a favor de la reforma sin que hasta el momento nadie alegue fraude o manipulación de los resultados electorales. El hecho de que la iniciativa del presidente Evo Morales perdiera en la llamada «media luna» ubicada al oriente del paí­s y compuesta por los cuatro departamentos más prósperos y casualmente con menor población indí­gena, da lugar a que algunos hablen ya de ingobernabilidad y peligros de una secesión porque a pesar de que más del 60% de los votos de todos los bolivianos fueron por el «si», los que votaron en contra están dispuestos a llevar su postura a situaciones extremas.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

Leyendo muchos comentarios en distintos lugares del mundo, uno se da cuenta que hay una especie de «comprensión» para la disidencia de los ladinos que no quieren aceptar la reforma constitucional aprobada por la mayorí­a del pueblo y una tendencia a aceptar que puede darse la secesión. Y eso me hace preguntar si habrí­a la misma comprensión y tolerancia si Evo Morales hubiera perdido la consulta popular y ahora sus seguidores estuvieran diciendo que podrí­an separarse de Bolivia para crear su propio Estado indigenista.

Seguramente que serí­a la de no acabar con las protestas alegando que la democracia significa aceptar la decisión de la mayorí­a, que tiene que haber elemental respeto a las normas de juego y a la integridad territorial de la Nación, calificando de absurdas, exageradas e inaceptables las expresiones de secesión que pudieran surgir de los derrotados. Me imagino las sesudas columnas que producirí­an periodistas a lo largo y ancho del mundo para explicar que no puede funcionar así­ ningún sistema polí­tico en el que los derrotados simplemente deciden crear su propio Estado y separarse de los que ganaron, sobre todo cuando se da el caso de que las diferencias de votación tienen tanta marca geográfica como ocurre en Bolivia.

La verdad es que el mundo tiene que enviar mensajes contundentes de que no se puede aceptar esas actitudes de berrinche que desconocen el resultado de una consulta popular democrática que no tiene tacha por vicios de procedimiento. Cualquiera que hoy avale la actitud de los habitantes de la «media luna» boliviana o que intente entenderla o, peor aún, justificarla, estará sentando precedentes para que el dí­a de mañana en todo el mundo puedan repetirse fenómenos similares, lo que romperí­a con el concepto mismo de Nación.

Me llama la atención leer cómo algunos dicen ahora que es previsible que se produzca una división profunda en Bolivia y que hasta mencionan la posibilidad de una secesión como consecuencia del rechazo a la reforma constitucional, dando a entender que se trata de una reacción normal y hasta comprensible simplemente porque quienes la están ya anunciando son los ladinos que se sienten desplazados por el triunfo obtenido por Morales.

Qué pensarí­an ellos si un grupo de radicales creyentes de la supremací­a aria protestara en Estados Unidos por el triunfo electoral de Obama y revivieran aspavientos secesionistas o de resistencia simplemente por la cuestión racial. La democracia implica el respeto a las decisiones de la mayorí­a y para mantener la unidad del paí­s, cualquier gobernante enfrentado a tal desafí­o no puede vacilar en el recurso de la fuerza para aplastar a los insurrectos.