LA AYUDA DEL MUNDO PARA LA RECONSTRUCCIí“N DE GAZA


La gran diferencia entre una devastación producida por un terremoto y la producida por la mano del hombre.

Dr. Carlos Pérez Avendaño

Muchos de ustedes han de recordar el terremoto que en 1976 derrumbó miles de viviendas en nuestra Guatemala. Es por ello que se sienten ahora más ví­vidamente las escenas que, de la destrucción de Gaza, nos pasa la televisión.

Una gran diferencia… y vaya si no es grande? porque en Guatemala todo fue consecuencia de las fuerzas de la naturaleza mientras en Gaza la cosa fue diferente.

Se siente ahora la necesidad de la ayuda internacional encabezada y ejemplificada por la Reina Sofí­a de España y por la Cruz Roja, quienes se esforzaron por llegar a los damnificados en Gaza. Viene también para nosotros los guatemaltecos el recuerdo de la impresionante generosidad de las muchí­simas naciones hermanas que vinieron a ayudarnos en la tarea de reconstrucción.

Se conmovió España y no se quedó ahí­ y, estoy seguro son muchos los pueblos que se han conmovido pero no han llegado a entregarles su ayuda. ¿Qué pasa?

Estoy seguro que la necesidad de prestar ayuda para reconstruir Gaza la sienten muchas naciones, pero? pero? surgen ahí­ sentimientos encontrados como los que expuso el reportero de CNN el jueves 23 por la mañana cuando preguntó: «Â¿y quién va a pagar esa ayuda?». Estoy seguro que el pueblo mejicano sintió el impulso de exclamar ¡¡nosotros!! pero?.¿qué pasó, México?

Es entonces que viene a mi mente el pueblo de Israel.

Una oferta de parte de los israelí­es para ayudar en la reconstrucción de las 4 mil casas destruidas serí­a un gesto de admirable caridad y de justicia.

Indudablemente que los palestinos nunca permitirán el ingreso de israelí­es en las brigadas de rescate, ya que se les acusarí­a de brigadas de espionaje y así­ se complicarí­a la cosa, pero lo que sí­ podrí­a hacer el pueblo judí­o es un multimillonario donativo a la Cruz Roja para que ella se encargara de levantar las viviendas palestinas.

Comprendo lo difí­cil de tomar una decisión de ese calibre en vista a las innumerables incongruencias que pueden encontrarse. Lo comprendo. Pero también comprendo lo que significarí­a desde el punto de vista humanitario, una conmovedora, multitudinaria y generosí­sima acción de los judí­os del mundo.

«Es ridí­culo y de tontos pensar que nosotros vamos a estar de acuerdo con eso» dirán muchos excombatientes soldados israelí­es, y precisamente esta será la gran interrogante que también se plantearí­an los lí­deres judí­os del gobierno israelí­ en el mundo.

Sin embargo, ese muy contradictorio donativo que a la Cruz Roja y sin condiciones, le hicieran los judí­os del mundo serí­a una más que fehaciente demostración en pro de la paz. En medio de sus incongruentes y lógicas contradicciones, el mundo lo admirarí­a y lo aplaudirí­a.

Yo, matasano, iluso soñador durmiente, me levanté bruscamente, y eso despertó a la Lila mi mujer. «Carlos, ¿ya estás otra vez con tus pesadillas?» Me dijo, se dio vuelta y se volvió a dormir.