Con qué cara…


Deben ser unos perfectos caraduras nuestros magistrados de la Corte Suprema de Justicia al recibir al relator especial de la ONU para los temas de justicia, el argentino Liandro Despouy, y abordar los temas de la forma en que se aplica la ley en nuestro paí­s cuando ellos mismos no han logrado cumplir con su obligación constitucional de elegir al Presidente de la Corte Suprema y del Organismo Judicial con apego a lo que establece nuestra ley fundamental.


Es imposible hablar de respeto al orden legal, al estado de Derecho, cuando en una cuestión tan elemental como la elección que anualmente se tiene que hacer del Presidente de la Corte Suprema de Justicia, los trece magistrados se mantienen en una situación de berrinche en el que seis contra siete se aferran a posiciones que impiden la realización de ese acto de la más absoluta normalidad administrativa. Se habla ya de la razón esencial del bloqueo y son los intereses que hay porque el Presidente de la Corte tiene vela en las futuras comisiones de postulación y es mucho lo que hay en juego en ese caso, además de otros asuntos que también despiertan las ambiciones de algunos magistrados.

No se trata, para nada, de asuntos de principio ni de interés profesional, no digamos nacional. Se trata de intereses personales que son contradictorios y han derivado en un pleito que hace que la Corte Suprema de Justicia se parezca más a un salón de clase de escuela primaria que al más importante tribunal de la República de Guatemala.

Da vergí¼enza ajena ver que el relator de la ONU se tiene que reunir con nuestros magistrados para discutir la forma en que ellos ejecutan su mandato de hacer cumplir la ley, cuando son incapaces de cumplirla ellos mismos. Es sabido que nuestro organismo judicial se encuentra en serios problemas y que es duramente criticado por distintos sectores como una de las estructuras que alientan la impunidad en el paí­s, pero la verdad es que no se puede pedir mucho a los jueces si sus superiores dan tan deplorable ejemplo.

Repetimos que da pena y vergí¼enza ver que se tienen que reunir esos juzgadores con un enviado de la ONU en medio de una situación tan penosa como la incapacidad para elegir a su propio Presidente y entendiendo que las razones de la disputa son más bien sucias porque se derivan de pasiones e intereses muy personales de los trece magistrados a quienes no importa en absoluto poner en tan triste predicado a nuestro paí­s porque les interesa mucho más su pleito personal.