Una vida al margen del poder


Caroline Kennedy Schlossberg hija del fallecido presidente de EE.UU., John F. Kennedy, deja su candidatura al Senado.  FOTO LA HORA:  archivo

Como todos los Kennedy, Caroline parecí­a nacida para el poder, pero toda su vida prefirió mantenerse al margen.


El miércoles anunció, en un comunicado, que retiraba su candidatura al Senado de Estados Unidos, en la plaza que dejó vacante Hillary Clinton tras su nombramiento como secretaria de Estado del presidente Barack Obama.

«Le informé hoy al gobernador (de Nueva York, David) Paterson que retiraba mi candidatura al Senado de Estados Unidos por razones personales», dijo.

La decisión causó sorpresa en momentos en que estaba a punto de ser designada para el codiciado escaño senatorial por el gobernador David Paterson.

Otros piensan que no era la elegida de Paterson y que el gobernador simplemente le dejó una puerta de salida honorable. Al mismo tiempo, su retirada confirmó décadas de reticencia a entrar en polí­tica.

«La decisión fue de ella exclusivamente», aclaró Paterson en una declaración publicada ayer. Agregó que la hija del ex presidente John F. Kennedy le habí­a informado la ví­spera por teléfono de su decisión de no presentarse.

íšnica hija sobreviviente del presidente asesinado John F. Kennedy y miembro de una familia casada con la polí­tica, Caroline Kennedy, a los 51 años, es para los estadounidenses lo más parecido a la realeza.

Su tí­o Robert F. Kennedy, también asesinado, ocupó el mismo asiento en el Senado al que ella aspiraba. Otros miembros del clan, y en primer lugar el hermano de JFK y senador Ted Kennedy, son figuras omnipresentes en las páginas polí­ticas y en la crónica mundana de los diarios.

Sin embargo, hasta que se postuló al escaño que dejó Hillary Clinton, Caroline Kennedy nunca habí­a aspirado a una responsabilidad polí­tica.

Rica y muy reservada, tiene un diploma de abogada pero nunca ejerció la profesión. Escribió siete libros, pero nunca buscó la fama.

A pesar de que vive en la exclusiva avenida Park de Nueva York, viaja a menudo en metro y sus actividades filantrópicas en el sector de la educación pública son poco publicitadas.

Para muchos norteamericanos, Caroline Kennedy se quedó como fijada en el tiempo y será para siempre la adorable niña fotografiada cabalgando en su pony alrededor de la Casa Blanca o, en una imagen más trágica, asistiendo al funeral de su padre en el cementerio Arlington de Washington en 1963.

Por eso fue una sorpresa para todos cuando, hace un año, este reticente animal polí­tico salió al ruedo con una valiente declaración de respaldo a Obama.

En una columna del New York Times titulada «Un presidente como mi padre», escribió que nunca habí­a visto a un presidente volver a hablar como John F. Kennedy. Ahora, agregó, «creo que encontré al hombre que puede ser ese presidente».

El New York Timas citó al director de campaña David Plouffe diciendo que el respaldo de Caroline Kennedy fue espontáneo. «Nos enteramos junto con el resto de Estados Unidos», dijo. «Fue algo notable».

Su apoyo se mantuvo a lo largo de toda la campaña y, hace menos de dos meses, se declaró candidata al Senado, pero su vida al margen de la polí­tica y la evidente falta de preparación parecen haberle jugado una mala pasada.

Cometió el pecado capital de querer ignorar a los medios y luego dio una avalancha de entrevistas en las que se mostró confusa, con respuestas vacilantes, plagadas de muletillas.

En espacio de dí­as, para la opinión pública pasó de una candidata segura de ganar a ser una aspirante cuyo único mérito real era el apellido.

Sus amigos la defendieron asegurando que encarna el espí­ritu mismo del servicio público, o que su falta de callo polí­tico sólo demostraba la frescura de su personalidad y su calidad de figura ajena al sistema.

Según los analistas tení­a, sin embargo, una gran ventaja con relación a sus adversarios en la carrera senatorial, encabezados por el fiscal general del estado de Nueva York Andrew Cuomo, hijo del ex gobernador Mario Cuomo.

Sus principales bazas eran una conexión estrecha con el equipo de Obama y la capacidad para recaudar grandes sumas de dinero gracias a su notoriedad.

Pero la opinión pública quedó poco impresionada y su popularidad cayó. Tras la retirada invocando razones personales, que algunos vinculan al estado de salud de su tí­o, el senador Edward Kennedy, el gobernador Paterson dijo que anunciará el nombramiento el viernes.