Todos los expertos en asuntos económicos y sociales se quejan de la falta de certeza de prácticamente todos los reportes estadísticos de Guatemala, lo que dificulta el análisis y la medición de avances o retrocesos en distintas materias. A los políticos, tanto de gobierno como de oposición, esa ausencia de estadísticas realmente confiables les conviene, puesto que de esa forma pueden manipular las cifras para llevar agua a sus respectivos molinos sin que nadie pueda refutar sus planteamientos con datos oficiales certeros.
Un país sin estadísticas confiables es como una empresa sin reportes contables que le indiquen el curso de los negocios. No se puede planificar ni tomar decisiones serias y coherentes si no tenemos un correcto diagnóstico de la realidad nacional y vemos que desde los temas relacionados con la seguridad ciudadana hasta los que tienen que ver con la situación de la salud, educación, vivienda, empleo y cualquier otro indicador socioeconómico, todo es cuestionable y las cifras no son de fiar. Si acaso las cuentas que maneja la autoridad monetaria merecen crédito, pero en el resto de casos es evidente que no existe un adecuado uso de las modernas prácticas estadísticas para medir nuestra realidad.
Por ello es fácil que el Presidente diga en el Congreso al presentar su informe que ha bajado la mortalidad materna o que se incrementa la inscripción de alumnos en las escuelas, porque nadie tiene acceso a datos fiables que puedan corroborar o refutar las afirmaciones. Pero eso apenas si afecta los temas que tienen que ver con la demagogia, pero los más graves son los relacionados con la planificación de la inversión social, de la inversión para el desarrollo, porque a lo mejor estamos dando palos de ciego por falta de insumos que permitan a las entidades encargadas de definir estrategias, saber exactamente a dónde debemos ir.
El Presidente restregó en la cara a la diputada Nineth Montenegro que se había equivocado con las cifras presupuestarias que manejó. Ahora resulta que el rotundamente equivocado era el Presidente y vaya usted a saber si no le ocurrió lo mismo con las otras cifras que manejó tanto en el pleno del Congreso como en el informe escrito presentado al Legislativo.
La falta de certeza siempre ha sido útil y conveniente a los políticos que pueden así manipular cifras e inclusive inventar algunas para sustentar sus argumentos a favor o en contra. Pero el país no puede continuar con estadísticas tan poco fiables y debe hacerse un esfuerzo para generar la información precisa y correcta, tanto para que los ciudadanos sepamos cómo está la Nación, como para que los planificadores sepan dónde aprieta el zapato.