La no violencia, combatiendo la violencia


Dentro de la sí­ntesis de aportaciones a la comprensión de la violencia, considero necesario revisar las de Gandhi. En este artí­culo se esbozarán algunas de sus ideas:

Dra. Ana Cristina Morales Modenesi
crismodenesi@gmail.com

Creer que la democracia auténtica sólo puede originarse en la no violencia. Que la violencia ha de ser totalmente desechada de los asuntos mundiales. Por lo que la tolerancia mutua se hace necesaria, ante la realidad de que nunca pensaremos todos de la misma manera y la verdad será vista desde distintas perspectivas.

Las diferencias de opinión nunca deberí­an significar hostilidad, el verdadero demócrata es aquel que valiéndose de medios exclusivamente no violentos defiende su libertad y, por lo tanto, la de su patria y, en última instancia, la del género humano. Es una mala costumbre afirmar que los pensamientos ajenos son malos, que sólo los nuestros son buenos y que quienes sostienen puntos de vista distintos de los nuestros son enemigos de la patria.

La civilización, en el verdadero sentido de la palabra, no consiste en la multiplicación de necesidades sino en su deliberada y voluntaria restricción. Sólo eso establece la felicidad y la satisfacción real, aumentando la capacidad de ser útil. Para el camino de la no violencia la primera condición es la justicia en absolutamente todos los aspectos de la vida. Lo que implica un aprendizaje de un credo de ética personal que incluye la verdad, el amor, el servicio, métodos y medios, el no hacer daño de obra o de palabra aun al adversario. Tolerancia de las diferencias y la moderación en la persecución de las cosas materiales. Por otro lado, es una técnica para la prevención del conflicto entre razas, comunidades y paí­ses cuyas armas son el amor, la verdad y el sacrificio.

Si meramente amamos a quienes nos aman, eso no es no violencia. Sólo existe la no violencia cuando amamos a quienes nos odian. La alegrí­a no procede de las penas que infligimos a los demás sino de las penas que sobrellevamos voluntariamente.

El principio fundamental de la no violencia se basa en abstenerse de la explotación en cualquiera de sus formas. Consiste en no cooperar con cualquier cosa que sea humillante, y esto ha de ser integrado a una práctica ininterrumpida dentro de la cotidianidad.

Una revolución no violenta no es un programa para la toma del poder. Es un programa para la transformación de las relaciones, de modo tal que se desemboca en una transferencia pací­fica del poder.

La no violencia es la fuerza más grande que la humanidad tiene a su alcance. Es más poderosa que el arma más destructiva inventada por el hombre. La destrucción no corresponde en nada a la ley de los hombres. Vivir libre es estar dispuesto a morir, si es preciso, a manos del prójimo, pero nunca a darle la muerte. Sea cual fuere el motivo, todo homicidio y todo atentado contra la persona es un crimen contra la humanidad.

«Si el amor o la no violencia no es la ley de nuestro ser, todos mis argumentos se hacen añicos.» «La bondad debe ser unida al conocimiento. La mera bondad humana es de mucha ayuda, como lo he comprobado en la vida. Uno debe cultivar la fina cualidad del discernimiento que va junto con el coraje y el carácter espirituales.»

Dentro de las aportaciones de la teorí­a de la no violencia es importante señalar cómo Gandhi plantea la práctica de cambios individuales y la subsecuente generación de cambios sociales en donde el instrumento más poderoso es el amor. Que cede al cambio en las relaciones interpersonales, busca el diálogo en la transformación de conflictos y no permite la degradación de otro ser humano.

Permite observar que un acto violento dirigido hacia un ser humano en especí­fico se amplí­a y se generaliza hacia toda la humanidad. Cuando desarrolla el término de civilización analiza que el verdadero sentido de la palabra no deberí­a corresponder a la multiplicación de necesidades, sino todo lo contrario, a su restricción.