Sigo felicitando públicamente a la diputada Nineth Montenegro por su dedicación, acuciosidad y esmero que le ha puesto siempre a su labor fiscalizadora del presupuesto de ingresos, gastos e inversiones del Estado. Cada cierto tiempo corre la cortina para denunciar el cúmulo de inconsistencias, transferencias e incorrecciones con que se maneja el mismo. Lamentablemente, una golondrina no hace verano y de esa cuenta el resto de 157 diputados muy poco hacen porque el Congreso de la República vele porque el presupuesto cumpla los fines para el cual creado, fuera por ignorancia, por intereses creados o porque esa ha sido su tradicional costumbre.
Para la aprobación, nadie ignora que privan intereses personales, políticos o partidarios. Para la utilización, poco les importa que en un año se hagan más de 400 transferencias para movilizar diez mil millones de quetzales y que solo en el mes de diciembre se hayan hecho 20 por un mil quinientos millones. Cualquiera, con dos dedos de frente, se hace la misma pregunta ¿para qué con tanta bulla se asignan fondos tan útiles y necesarios para la salud, educación, agricultura o comunicaciones, por ejemplo, si de un plumazo el Organismo Ejecutivo los transfiere para cosas que están muy lejos de buscar el bienestar colectivo del país, sino simplemente para satisfacer el interés politiquero de unos cuantos, como por ejemplo, gastar casi seis millones de quetzales en propaganda del mentado programa de Cohesión Social?
La revisión, análisis y fiscalización de la ejecución presupuestaria anual corresponde al Congreso de la República, asunto que para cualquiera debiera ser un asunto de primordial importancia, porque no hay otra forma más sencilla y práctica de cómo saber si se utilizaron correctamente los recursos en manos del Estado y de sus funcionarios. Pero no, se sigue haciendo lo contrario y para colmo de males, la Contraloría General de Cuentas y la Carabina de Ambrosio sigue siendo la misma cosa, a pesar que se grita a los cuatro vientos que la «transparencia» fue, es y seguirá siendo un objetivo primordial dentro de los planes del gobierno y ¡ay de aquel que lo contradiga! porque se hace merecedor a los calificativos de ignorante, analfabeta o estúpido. ¡Vean que caso!
Algunos opinan que si algo bueno tiene el gobierno de Colom es que ha puesto mucho interés en el área social y yo no les discuto su conclusión sin embargo, ¿alguien le demuestra a la población, con absoluta certeza, cómo se han manejado los fondos asignados; a quiénes han llegado los beneficios y si los mismos son de largo plazo o todo lo contrario, perecederos? Como reza el refrán «No basta ser honrado sino que hay que demostrarlo» y mientras no se revise, analice y fiscalice el presupuesto… ¡seguiremos en las mismas! O lo que es igual, que cada quien seguirá haciendo lo que mejor le venga en gana.