Transparencia como objetivo


No son pocas las veces en que uno siente envidia cuando ve que en otros paí­ses los lí­deres entienden el desafí­o de los tiempos y la realidad social en que viven. Después de un gobierno en el que las autoridades pregonaron el maniqueí­smo de dividir no sólo al mundo sino a la propia sociedad entre buenos y malos, autocalificándose los gobernantes como los buenos, el recién instalado gobierno de Barack Obama arranca con una decisión histórica al establecer altos criterios para asegurar la transparencia y frenar el tráfico de influencias.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

La primera orden ejecutiva firmada por el presidente Obama fue la que reguló el papel de los cabilderos y fijó serias limitaciones para que quienes sean funcionarios de su gobierno, puedan realizar en el futuro esas funciones mientras el mismo Obama sea Presidente de los Estados Unidos. Es obvio que el mandatario ha seleccionado a sus colaboradores buscando entre otras cosas identificación con sus valores, pero sabiendo que no es cuestión de intenciones sino de controles, lo primero que hizo fue firmar la orden ejecutiva y al juramentarlos los forzó a aceptar esos más exigentes criterios.

Lejos, muy pero muy lejos, está el comportamiento y el ejemplo que da nuestro propio Presidente al sostener que basta y sobra su palabra para evitar que se produzca tráfico de influencias y por ello acepta que los empresarios le regalen la oportunidad de usar sus aviones privados, aun naves de quienes dirigen empresas que tienen que ver con algún servicio de interés público. La verdad es que en materia de tráfico de influencias todo control es poco y debe entenderse que la naturaleza humana apunta a sacar provecho, por lo que atenerse a la «buena intención» es una soberana pendejada.

La otra disposición adoptada ayer mismo por Obama va en la misma dirección, puesto que es una instrucción a todo el gobierno federal para que observe rigurosamente la ley de acceso a la información y proporcione a los ciudadanos datos y detalles de la forma en que se gasta el recurso público. No hay tales de que para proteger a particulares se oculte información, como ocurre en nuestro caso con el estirado argumento que usan para no proporcionar a nadie, ni al Contralor de Cuentas, los nombres de los beneficiados con los programas de Cohesión Social.

Durante el gobierno anterior en Estados Unidos se navegó con la bandera de que siendo ellos los buenos todo se les tení­a que aceptar y permitir, sobre todo si era en el marco de la guerra. De esa cuenta empresas como Halliburton se hartaron con los recursos provenientes de los impuestos y pocos, incluyendo a la Prensa, se atrevieron a cuestionar. El secreto fue una de las caracterí­sticas del gobierno de Bush y Chenney, por lo que el cambio es ahora profundo y vital.

No digamos la congelación de salarios y hasta la reprobación a la ligereza del comentario del Vicepresidente cuando hizo chiste de la metida de pata del Presidente de la Corte Suprema al juramentar a Obama. Es tiempo de seriedad, de compromisos y dedicación. Tiempo de sacrificio y de apretarse el cinturón y dar el ejemplo. ¿Por qué a nuestros dirigentes les cuesta tanto entender esa realidad concreta y sencilla? Dichosos los gringos que escogieron bien a un lí­der que entiende su papel y responsabilidad y la naturaleza humana en materia de ambición.