Dos premisas esenciales de la nueva polí­tica


Muchos comentarios y análisis se hacen respecto al discurso del nuevo Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, y tanto la forma como el contenido están sometidos a un escrutinio detallado de la opinión pública y de los analistas polí­ticos no sólo de ese paí­s sino del mundo entero. Mucho se puede decir sobre la materia, pero creo importante destacar dos puntos que para mí­ constituyen premisas esenciales que definen el rumbo que piensa dar a su administración en cuestiones realmente cruciales.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

El legado de Bush sin duda tenemos que verlo en la guerra contra el terrorismo, con sus proyecciones a Irak y Afganistán, y en la crisis económica que al final fue el último clavo de la sepultura de los republicanos en las elecciones. Y sobre ambos temas la expresión concreta de Obama tiene que ser tomada en cuenta. Hablando de la economí­a, dijo que no se puede cuestionar si el mercado es una fuerza para el bien o para el mal porque está demostrado su poder para generar riqueza. El punto, dijo, es que sin regulación y control, el mercado se vuelve loco porque termina beneficiando únicamente a los más voraces.

Y es que en realidad el problema se generó por la codicia de quienes supieron aprovechar la candidez de quienes creyeron que el mercado no necesitaba de regulaciones porque tení­a una mano invisible que se encargaba de componer los desajustes y corregir los excesos. La crisis ha demostrado la falsedad de ese criterio porque cabalmente la ausencia de controles abrió las puertas a las mayores acciones especulativas de la historia y sus consecuencias han sido terribles no sólo para el mercado sino para todos los seres humanos.

El otro punto en el que Obama habló claro y preciso fue el de la guerra contra el terrorismo, puesto que dijo: «En lo referente a nuestra defensa común, rechazamos como falso tener que escoger entre nuestra seguridad y nuestros ideales. Nuestros Padres Fundadores, quienes enfrentaron peligros que poco nos podemos imaginar, redactaron una Constitución que asegurara el imperio de la ley y los derechos del hombre…» No olvidemos que tras los ataques del 11 de septiembre de 2001, el gobierno de los Estados Unidos implementó toda una serie de medidas que violentaban los derechos civiles y las garantí­as individuales. Por ello es que Obama hizo alusión a los peligros que enfrentaron los fundadores de Estados Unidos y cómo, en medio de esos peligros, supieron definir los valores esenciales que han hecho tan grande a ese paí­s.

En aquellos aciagos dí­as tras el ataque contra Nueva York y Washington, dije que se corrí­a el grave riesgo de que la Casa Blanca hiciera lo que hicieron gobernantes latinoamericanos para enfrentar a la guerrilla, es decir, violentar los derechos humanos cabalmente por privilegiar doctrinas de seguridad nacional. Y desafortunadamente lo que escribí­ una mañana de octubre de 2001 desde la misma ciudad de Nueva York terminó siendo una realidad porque las capturas ilegales, las torturas, las escuchas telefónicas sin respeto a la ley y en general el marco de las polí­ticas de seguridad, dañaron seriamente el estado de derecho en Estados Unidos.

Obama no renuncia a luchar contra los terroristas, pero insiste en que la lucha tiene que ser en el marco del respeto a los valores fundamentales de su paí­s y esa tesis es respetable.

Por ello pienso que esas dos premisas definen su agenda doméstica y su agenda internacional para los próximos años.