El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, visitó hoy la franja de Gaza, de donde las tropas israelíes proseguían su retirada gradual, tres días después del alto el fuego a su ofensiva contra Hamas.
Con el regreso a una cierta normalidad, Ban ingresó en el territorio palestino por el paso de Erez (norte), para evaluar con sus propios ojos la envergadura de la devastación causada por el conflicto, que dejó más de 1.300 muertos e hirió al menos a 5.300 personas.
Su primera parada fue en el complejo de la Agencia de la ONU de Ayuda a los Refugiados Palestinos (UNRWA), severamente dañada por un bombardeo israelí el 15 de enero en la ciudad de Gaza, constató un periodista de la AFP.
Decenas de toneladas de ayuda humanitaria ardieron en los almacenes de la UNRWA, como consecuencia del ataque que se cobró tres heridos.
Varias escuelas gestionadas por la ONU también fueron bombardeadas por la aviación israelí durante los 22 días de la ofensiva, incluido un centro en Jabaliya (norte), que dejó más de 40 muertos.
La visita de Ban es la primera de un líder extranjero desde que Hamas, considerado un grupo terrorista por Occidente, tomó el poder en la franja de Gaza en junio de 2007, al echar a las fuerzas leales al presidente palestino, Mahmud Abas.
Tras su paso por Gaza, el jefe de la ONU visitará Sderot, una localidad israelí situada a 5 km de la frontera con el territorio palestino, que ha sido blanco de los cohetes de Hamas desde 2000.
Por otro lado, el ejército israelí seguía retirándose de la franja de Gaza, sin que el Estado hebreo precisara hasta ahora si la partida será total antes de que Barack Obama sea investido presidente de Estados Unidos este martes a partir de las 17H00 GMT en Washington, como habían avanzado medios israelíes.
«Eso dependerá de la realidad sobre el terreno», declaró bajo el anonimato un alto responsable del ministerio israelí de Defensa.
En la zona, el alto el fuego era globalmente respetado.
Soldados israelíes mataron sin embargo el martes a un granjero palestino en el norte de la franja, según los servicios médicos.
Un portavoz militar aseguró por su parte no tener ninguna información al respecto.
Testigos palestinos afirmaron igualmente que navíos de guerra israelíes habían disparado obuses sobre el litoral del norte de la franja. Un palestino resultó herido, según fuentes médicas.
Dos niños palestinos fallecieron en la ciudad de Gaza cuando un proyectil israelí con el que jugaban estalló, según fuentes hospitalarias.
Israel lanzó su mayor ofensiva contra la franja de Gaza el 27 de diciembre y el domingo empezó a retirar gradualmente sus tropas del territorio, después de que Hamas y otros grupos armados palestinos decretaran un alto el fuego de una semana.
La oficina de estadísticas palestina informó de que 4.100 casas quedaron destruidas y otras 17.000 sufrieron desperfectos durante el asalto militar israelí para frenar los disparos de cohetes contra el sur de su territorio.
Pese a la devastación, Hamas clamó una «divina victoria» y prometió rearmarse, advirtiendo a Israel de que sufriría más ataques con cohetes si no retiraba todas sus fuerzas de la franja para el próximo domingo.
En Kuwait, los dirigentes de los 22 países miembros de la Liga írabe se comprometieron en una cumbre el martes a «aportar toda forma de apoyo al pueblo palestino», pero sin lograr un consenso para crear un fondo para la reconstrucción de la franja de Gaza.
La reconstrucción de este paupérrimo territorio, uno de los más densamente poblados del mundo con 1,5 millones de habitantes, lleva camino de convertirse en un nuevo elemento de discordia en Oriente Medio.
El primer ministro israelí, Ehud Olmert, dijo el martes que Israel no está dispuesto a dejar a Hamas tomar parte de esas tareas.
«Israel estima que el proceso de reconstrucción debe ser gestionado por organizaciones internacionales en cooperación con la ONU, Egipto y la Autoridad Palestina», declaró Olmert.
Su ministra de Relaciones Exteriores, Tzipi Livni, condicionó por su parte la apertura de los pasos fronterizos de Gaza a que se «progrese» hacia la liberación del soldado israelí Gilad Shalit, capturado en 2006 por milicias palestinas en la frontera entre Gaza y el Estado hebreo.
Hamas pidió a Israel que reabra las fronteras, una exigencia que apoya la Unión Europea de manera a consagrar un alto el fuego duradero.
El objetivo israelí de erradicar con su ofensiva militar el contrabando de armas hacia la franja de Gaza sigue siendo un desafío pese al bombardeo masivo de los túneles en la frontera con Egipto y a acuerdos de difícil aplicación.
Durante su sangrienta ofensiva de 22 días, el ejército israelí bombardeó el millar de túneles cavados bajo la frontera entre Egipto y la franja de Gaza, afirmando haber destruido la mitad.
Pero el domingo, en el primer día del alto el fuego, el jefe de la seguridad interior israelí Yuval Diskin admitió que el Hamas necesitará «pocos meses» para reconstruirlos y aprovisionarse en armas.
«Que hagan lo que quieran. Nuestra misión es introducir armas para la resistencia y fabricarlas», dijo el lunes el portavoz del brazo militar del Hamas en Gaza, Abu Ubeida.
Después de Washington -que señala a Irán como abastecedor de armas del Hamas- Berlín, Londres, París y Roma dijeron estar dispuestos a contrarrestar la constitución de un arsenal en el enclave palestino.
«Israel ha sido condenado unánimemente por su extrema violencia, pero hay una toma de conciencia de ese peligro. Sin embargo los compromisos son muy vagos», dijo a la AFP el ex jefe de un servicio de inteligencia de uno de esos países europeos.
Si detener el tráfico es algo incierto, sobre todo porque Egipto no se ha comprometido a erradicarlo, Israel puede decir que ha logrado hacer compartir su preocupación con los países occidentales, sobre todo con Estados Unidos.
Durante la operación «Plomo endurecido», que causó la muerte de 1.300 palestinos, el primer ministro israelí Ehud Olmert había afirmado que terminaría cuando cesara también «el contrabando de armas del Sinaí (egipcio) hacia Gaza».
Israel había exigido a Egipto garantizar la erradicación de las galerías bajo la línea de Filadelfia que señala los 14 km de su frontera, y controlar mejor a los beduinos que transportan armas a través del Sinaí.
Egipto, descontento por haber sido acusado de haber dejado transformar su frontera en un «colador», se defendió con mal humor, negándose a desplegar una fuerza internacional en su territorio.
Los israelíes «comparan nuestra frontera con las (zonas tribales) del noroeste de Pakistán, pero nosotros la controlamos plenamente», dijo el jefe de la diplomacia egipcia, Ahmad Abul Gheit.
El Cairo sugirió duplicar o triplicar el batallón de 750 guardias fronterizos provistos de armas ligeras, autorizado a desplegarse con el acuerdo de Israel tras su partida de Gaza en 2005.
Por tratarse de una enmienda a los acuerdos de paz de 1979, el gobierno Olmert habría debido someter a la Knesset, el Parlamento israelí, ese incremento de unidades armadas de Egipto, lo cual fue completamente descartado en plena batalla electoral.
Israel ha decidido hacer bajar la presión sobre Egipto, pidiéndole únicamente hacer más «al evitar las polémicas públicas».
Después de que una fuente israelí señalara el lunes que había «un acuerdo escrito» sobre ese delicado tema, el portavoz del ministerio egipcio de Relaciones Exteriores, Hossam Zaki, lo desmintió.
Por el contrario, en las últimas horas de la administración Bush, Israel y Estados Unidos firmaron un memorándum para «secar» las vías de aprovisionamiento en armas del Hamas, mientras señalaban hacia Irán.
Cuatro países europeos dijeron que estaban dispuestos a colaborar, sin hablar de acuerdos específicos sino de compromisos, previendo compartir informaciones, entrenamientos, mas expertos y material especializado enviado a Egipto, que es ahora vigilado por mar en el Mediterráneo, en el golfo de Aden y en el Mar Rojo.