Ciudad Quetzal y zona 12 se arman contra las extorsiones


La desesperación y angustia de los pobladores de las colonias La Esperanza y sus aledaños así­ como de Ciudad Quetzal, se hace patente todos los dí­as cuando deben salir de sus hogares y dirigirse a sus centros de trabajo, ya que los pandilleros y/o mareros aprovechan para pintar las casas con las contraseñas que indican el grado de extorsión a que son susceptibles sus moradores.

Fernando Mollinedo

En Ciudad Quetzal, y sus bastantes colonias, entre ellas La Trinidad, Ciudad Gótica, la presencia de mareros ya es cosa común, se pasean de forma campante y retadora; portan armas de fuego y viven su vida al estilo oeste; es decir, matan a quien les cae mal sin mediar motivo alguno. Una cevicherí­a del lugar, funciona como el reducto para los mareros, a donde -al decir de los vecinos- llegan los miembros de la Policí­a Nacional Civil para ingerir licor y también para participar con los mareros de la repartición de los botines logrados.

Es muy raro, muy difí­cil y muy escasa, la presencia de autopatrullas de la Policí­a Nacional Civil en esas colonias; los vecinos indican que están desesperados por la regularidad con que los mareros les exigen el pago de «impuesto» a cambio de no ser agredidos y o muertos; o bien, hasta de preservar la integridad sexual de sus hijas, lo cual consideran que ya pasó los lí­mites de la tolerancia.

Por ello, los vecinos decidieron en Ciudad Quetzal, armarse con pistolas y desde el dí­a jueves pasado se cuenta con grupos de vigilancia de las siete de la noche a las once; y de las cuatro a las siete de la mañana, para defenderse de los mareros y bajo la consigna de «marero visto, marero muerto», han principiado su patrullaje con función de seguridad vecinal ante la incomparecencia de la PNC, a quien señalan de complicidad con los ladrones y mareros.

Por su parte en la zona 12, los vecinos se han organizado y mañana martes inician los patrullajes nocturnos armados con palos, machetes, rifles y pistolas; lo cual esperan que sea un disuasivo para los antisociales que merodean las dichas colonias.

No me detendré a considerar las acciones de participación u omisión de la Policí­a Nacional Civil en sus quehaceres de seguridad pública, ni de sus posibles nexos con los delincuentes organizados en maras y/o pandillas; me interesa hacer del conocimiento público, la desesperación de los pobladores ante las extorsiones de que son objeto; la posible consecuencia legal de integrar grupos armados de patrullaje, y la posibilidad de que sean capturados por el solo hecho de prestar al vecindario la seguridad pública a la que el Estado de Guatemala está obligado.

¿Hacia dónde vamos? ¿Cuál es el estado de derecho que vivimos en Guatemala? Sí­ la población en el paí­s le teme a los miembros de la Policí­a Nacional Civil, ¿por qué será?