La desesperación y angustia de los pobladores de las colonias La Esperanza y sus aledaños así como de Ciudad Quetzal, se hace patente todos los días cuando deben salir de sus hogares y dirigirse a sus centros de trabajo, ya que los pandilleros y/o mareros aprovechan para pintar las casas con las contraseñas que indican el grado de extorsión a que son susceptibles sus moradores.
En Ciudad Quetzal, y sus bastantes colonias, entre ellas La Trinidad, Ciudad Gótica, la presencia de mareros ya es cosa común, se pasean de forma campante y retadora; portan armas de fuego y viven su vida al estilo oeste; es decir, matan a quien les cae mal sin mediar motivo alguno. Una cevichería del lugar, funciona como el reducto para los mareros, a donde -al decir de los vecinos- llegan los miembros de la Policía Nacional Civil para ingerir licor y también para participar con los mareros de la repartición de los botines logrados.
Es muy raro, muy difícil y muy escasa, la presencia de autopatrullas de la Policía Nacional Civil en esas colonias; los vecinos indican que están desesperados por la regularidad con que los mareros les exigen el pago de «impuesto» a cambio de no ser agredidos y o muertos; o bien, hasta de preservar la integridad sexual de sus hijas, lo cual consideran que ya pasó los límites de la tolerancia.
Por ello, los vecinos decidieron en Ciudad Quetzal, armarse con pistolas y desde el día jueves pasado se cuenta con grupos de vigilancia de las siete de la noche a las once; y de las cuatro a las siete de la mañana, para defenderse de los mareros y bajo la consigna de «marero visto, marero muerto», han principiado su patrullaje con función de seguridad vecinal ante la incomparecencia de la PNC, a quien señalan de complicidad con los ladrones y mareros.
Por su parte en la zona 12, los vecinos se han organizado y mañana martes inician los patrullajes nocturnos armados con palos, machetes, rifles y pistolas; lo cual esperan que sea un disuasivo para los antisociales que merodean las dichas colonias.
No me detendré a considerar las acciones de participación u omisión de la Policía Nacional Civil en sus quehaceres de seguridad pública, ni de sus posibles nexos con los delincuentes organizados en maras y/o pandillas; me interesa hacer del conocimiento público, la desesperación de los pobladores ante las extorsiones de que son objeto; la posible consecuencia legal de integrar grupos armados de patrullaje, y la posibilidad de que sean capturados por el solo hecho de prestar al vecindario la seguridad pública a la que el Estado de Guatemala está obligado.
¿Hacia dónde vamos? ¿Cuál es el estado de derecho que vivimos en Guatemala? Sí la población en el país le teme a los miembros de la Policía Nacional Civil, ¿por qué será?