«Sólo nos dan miedo. Con miedo no nos dejan pensar. Con miedo no hay revolución. Con miedo, no nos queda nada». J. Kalvellido.
Sin lugar a dudas la mayor debilidad evidenciada a un año de la llegada al poder de la Unidad Nacional de la Esperanza, es (y sigue siendo) la inseguridad; la cual continúa siendo abordada desde un discurso político que muchas veces roza lo visceral.
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En la presentación del primer informe de gobierno, ílvaro Colom al abordar el tema de la inseguridad, reconoció, por ejemplo, el incremento en los homicidios y enfatizó que el reto para el presente año será brindar seguridad ciudadana; sin embargo, ocupó una buena parte de su discurso para seguir echándole la culpa a los anteriores gobernantes en relación al contexto de violencia e inseguridad que enfrenta el país.
En ese marco, es procedente citar hasta qué punto ha llegado el Estado en torno a la inseguridad; y uno de los ejemplos más inmediatos es la presencia de agentes de seguridad privada en los buses de transporte urbano y extraurbano.
Ante lo que a todas luces sigue siendo la «privatización de la seguridad», aspecto que adquirió un auge muy alto en la administración de í“scar Berger, el gobierno de la UNE continúa en la postura de admitir ese hecho como una opción «viable», antes de cumplir con su responsabilidad constitucional de garantizarle a los habitantes la seguridad.
La violencia puede delimitarse a tal punto: el primer año de gobierno de la UNE concluyó con más de 137 pilotos y 45 ayudantes asesinados, e inicia con cinco pilotos e igual número de ayudantes muertos. Y ante la imposibilidad del Estado de ejercer el control sobre esa problemática, los empresarios deciden enviar agentes, fuertemente armados, a seguir «combatiendo» la violencia.
Pero ¿cuáles son las prioridades de los empresarios de la seguridad privada (quienes obtienen sus ganancias por medio de más violencia y miedo)?, ¿cómo actuaría un agente privado de seguridad que porta un arma con capacidad de fuego expansiva ante el asalto a un bus? Como siempre, es la ciudadanía en general, y los pasajeros en particular, quienes quedan en medio de una línea, no tan imaginaria, de fuego que de nuevo los vulnera ante la crisis de violencia que para nada se ha «combatido» con inteligencia.
Ante la actual situación, todo parece apuntar que el eslogan «Primero la Gente», no se refiere a que una de las prioridades del gobierno actual es la ciudadanía; porque «la Gente» sigue ahí, en medio de una batalla que muchos han llegado a justificar, pero que en un nuevo discurso gubernamental sólo fue abordada, otra vez, desde el argumento político de la represión (combate a la violencia, según palabras del mandatario) y no desde la prevención de ella.
El miedo sigue imperando en «la Gente», y de eso tampoco habló el señor Presidente.